Archivos Mensuales: febrero 2012

¿Qué es sentirse bien?

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Sentirse bien puede tener varias acepciones, incluyendo la de ser feliz. Sin embargo, se puede afirmar que sentirse bien no tiene relación exacta con la felicidad, sino con la sensación de congruencia y paz interior que experimenta una persona cuando hace lo que dice y dice lo que siente, sin engañarse respecto a las situaciones que vive y sus propias potencialidades. Esta congruencia entre vida, sentimiento y palabra es el resultado de elecciones libres que la persona realiza desde su autenticidad. ¿Pero cómo ser auténtico si creo que necesito algo que en realidad no necesito o creo ser quien en realidad no soy? Esta incongruencia inconsciente entre ser y querer-ser está en la base de lo que Fritz Perls considera una neurosis. Mientras gastamos energía en ser como anhelamos ser, nos perdemos de ser lo que somos. El primer paso de una terapia es la autoaceptación amorosa de lo que somos, sin el deseo de cambiarnos y sin moralidad alguna. Desde esta autoaceptación, nace la posibilidad de un cambio orientado sensiblemente al desarrollo de nuestra propia naturaleza.

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El caso de Adela

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Los síntomas físicos tiene un correlato emocional y pueden ser un acceso para la terapia. Adela (22 años) tiene hipertiroidismo. Al palpar su garganta se puede sentir el abultamiento de la glándula hinchada. Su hipertiroidismo coincide con la época en que su padre abandonó el hogar para establecer otra relación. Durante la época del divorcio, afirma haber sido el soporte emocional de su madre, “para que ella no se derrumbara”. Se mostró segura y fuerte, pero pasado el tiempo empezó a experimentar une estado de inseguridad social e irritabilidad con sus amistades, el miedo a ser rechazada. Empezó a beber más de la cuenta y a ponerse susceptible, a sentir celos de su novio. Se encerraba en su cuarto deprimida y lloraba. Cuando le pido que ponga su atención en su garganta y en su tiroides hinchada, ella siente que es algo que la ahoga, “una bola negra y repulsiva” que quisiera sacarse de dentro. Trabajamos con su fantasía y ella se imagina que la expulsa por su boca. La describe como “una bola negra de tristeza y dolor”, que está ahí desde que su padre se fue de la casa. Siente ganas de llorar pero no puede. Tras un ejercicio de relajamiento y ampliación de conciencia, le pido que se relaje y que imagine a su padre diciéndole: “Adela, lo siento mucho”. El llanto sale de golpe. “Eso es lo que necesito oír de mi padre”, me dice después de varios minutos de llorar. Ahora se siente aliviada. La sensación de tener una bola en la garganta, que la ahoga, se ha ido. Se siente aliviada y más optimista. Es el momento de empezar a trabajar en su derecho a expresarse con sus padres y en su derecho a llorar, a mostrarse frágil con algunas personas. Este derecho está en contra de su personalidad solvente y segura de sí misma, porque en su interior hay una creencia instalada que dice: “Si te muestras débil, te van a pasar por encima”. Revisar el origen y la función de esta creencia condicionante será el objeto de la siguiente sesión.