Lo que expresa la manera de sentarse de una persona

Estándar

Cada vez que estamos en un lugar en el que compartimos el espacio, las personas nos situamos unas respecto a otras de manera distinta. Estamos cerca de una persona y lejos de otra, nos inclinamos hacia delante o nos echamos hacia atrás, nos apoyamos en un brazo o nos erguimos con la espalda recta, dirigimos nuestras rodillas y pies hacia un lado mientras torcemos los hombros hacia otro, etc. Todo este lenguaje corporal es parte de la reunión y produce efectos emocionales y reacciones sutiles en los participantes. Muchas veces el lenguaje corporal se divide en dos partes: una parte de nuestro lenguaje corporal apoya lo que decimos y es congruente con lo que estamos haciendo de manera conciente y deliberada; otra parte del cuerpo, sin embargo, puede ir en contra de la voluntad consciente: tensionarse, moverse, actuar con una intención distinta. Por ejemplo, una persona nos habla con el torso vuelto hacia nosotros mientras las rodillas y pies se inclinan hacia otro lado, en una posición presta a levantarse. Durante media hora, esa persona nos habla en esa postura y agita nerviosamente las manos, hasta producirnos una sensación de inquietud y malestar. Con su torso y sus palabras actúa de cierta manera (está aquí, tiene un tema importante y quiere conversar con nosotros), la otra parte (rodillas y pies, nerviosismo en el movimiento de las manos, que se agitan, dedos que tamborilean) actúa de manera distinta (quiere gritar, sacudir los brazos con furia, levantarse e irse). Es a esto lo que llamamos una señal doble. Las señales dobles incomodan a la persona que las emite y a quien las recibe, generan un doble diálogo. Cuando estamos con una persona que emite señales dobles, podemos detectar lo que quiere ser expresado y mencionarlo abiertamente: Veo que tus dedos tamborilean, que hablas de prisa y estás apunto de levantarte. ¿Tal vez estás enojado por algo y deseas irte? ¿Hay algo que no me hayas dicho y que te cuesta decir? Cuando somos nosotros quienes emitimos una señal doble, podemos darnos cuenta o no de lo que hacemos. Si algo nos extraña o incomoda en nuestra manera de actuar o relacionarnos con otro, es una señal de que podemos estar emitiendo señales dobles. Por ejemplo, me acerco a una persona para reprenderla por un trabajo mal realizado, pero le pongo la mano en el brazo y luego le quito una pelusa de la solapa. Una vez que nos damos cuenta de la señal doble, podemos integrarla, darle cabida y expresión a la parte que quiere manifestarse, dejar hablar a esas partes del cuerpo e identificar las necesidades que contienen, para satisfacerlas. Esta es una manera de aceptar lo que estamos siendo y de reintegrarnos sicológicamente.

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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