La lucidez y los fantasmas

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Aunque la psicoterapia ayuda a la persona a ponerse en contacto con sus sentimientos y a expresarlos, su objetivo no es éste. La expresión de las emociones sirve para aceptarnos y darnos cuenta de la forma en que reaccionamos y actuamos frente a otras personas. Entonces descubrimos códigos, creencias nucleares que gobiernan nuestros actos. Una persona está, por ejemplo, resentida por la manera de actuar de su jefe en la oficina, quien la carga de trabajo y “nunca le da las gracias” ni reconoce el valor de su esfuerzo. Quisiera pedir un aumento, pero no lo hace, porque cree que el tipo sencillamente “encontrará otra persona que haga las cosas sin molestarlo”. Esa actitud ante su jefe está atravesada por un fantasma, por una experiencia o una persona del pasado de la cual se esperó afecto y valoración, jamás obtenidos. Si le preguntamos si esa sensación de esfuerzo sin reconocimiento ha sido vivida con anterioridad, es probable que nos remita a su infancia o adolescencia, a viejas situaciones y experiencias familiares que le hacen actuar de esta manera en el presente, haciéndole perder su lucidez. El terapeuta transformacional busca esas experiencias y las creencias implícitas que las resumen (“nadie me quiere”, “debo esforzarme mucho para que me valoren”, “no valgo lo suficiente”, etc) para concientizarlas y ayudar a superarlas. Al hacer que se presenten estas viejas experiencias y sentimientos (la figura del padre y de la madre suelen resurgir en este momento), la persona se dará cuenta de la manera en que interfieren en la situación actual, distorsionando sumanera de ver y de relacionarse con otras personas (en el ejemplo citado, el jefe). En este momento, la persona despertará y empezará a ver a ese otro tal como es y no como teme que sea, posibilitándose una relación más cordial y positiva, capaz de resolver conflictos ante irresolubles. Los fantasmas desaparecen, la realidad se ilumina, la persona se siente bien. Esta reflexión basada en la práctica nos permite afirmar que una de las principales tareas del facilitador es, tal como dice Joseph Goodbread, “cazar fantasmas”. Entres las costumbres más arraigadas de los “fantasmas” se encuentran dos: 1. se alimentan del miedo de la persona, y 2. nos hacen ver lo que no existe (o sea: nos inducen a un trance alucinatorio tan poderoso que somos incapaces de distinguir la fantasía de la realidad).

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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