Archivos Mensuales: julio 2012

¡Cómo sentirte más alegre y más despierta!

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Cuando una persona dice que todo está bien, muchas veces siente por dentro que algo falla, que su estado de ánimo es bajo, que aquellas cosas que deberían hacerla feliz apenas logran estimularla. Se trata de ese famoso “algo más”, difícil de formular en palabras, y que tiene relación con la activación organísmica de su identidad profunda, con esas dotes de ingenuidad, entusiasmo y aventura que están en la base de una personalidad fluida. La palabra entusiasmo proviene del griego clásico, y significa literalmente en-diosamiento. Es algo que sentimos de niños durante la intensidad del juego, cuando un deportista juega inspiradamente, cuando nos atrevemos a algo fascinante o cuando nos enamoramos. ¿Pero como sentir esto cuando nuestra vida parece plenamente estructurada? Fritz Perls decía que la búsqueda de seguridad conduce a los occidentales a planificar la vida hasta volverla anémica, rutinaria, aburrida. De esta manera, cuando decimos que todo está bien (o que “todo están en orden”), nos sepultamos generalmente en la previsibilidad de una vida sin sorpresas ni desafíos. Recuperar esa sensación de vitalidad y entusiasmo que están en la base de una vida plena es una de las tareas primordiales de la Terapia Gestalt Integrativa. Es la diferencia entre ser mortal y saberlo, es decir: asumir concientemente que solo vivimos una vez y dejarnos de pacaterías. Para ello recurrimos al autoconocimiento asistido y la gimnasia respiratoria china, y te ayudamos a aventurarte dentro de tus sueños nocturnos y de esa parte de tu ser llamada “sabiduría organísmica”, que te pone en el camino de tu autenticidad. Rompe la rutina y da el salto, vive, expande tu consciencia hacia lo desconocido y desarrolla tus talentos al máximo. Llama al 097330894 para separar una cita, o si lo prefieres envíame un mensaje por Facebook, o escríbeme a: amacias97@yahoo.com

Te mando desde ya un abrazo y mis mejores deseos.

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El paraíso son los otros

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Ser infeliz es una tarea que requiere mucha dedicación y energía por parte de una persona. Ser infeliz es un arte que se demora mucho tiempo en dominar y que luego se ejerce involuntaria y fatídicamente. La persona infeliz se ocupa de sí misma y ve a los demás como fuente de apoyo o de frustración, como algo que hay que conquistar, evitar o padecer. Pero si esto parece ser una acusación, en realidad está lejos de serlo: el infeliz no elige ser infeliz, simplemente lo es (lo digo por experiencia propia). La historia de nuestra infelicidad es antigua, se remonta a la etapa de crecimiento y es el resultado de nuestras interacciones con padres, hermanos, profesores y amigos. El infeliz es simplemente una persona abrumada por la desconfianza en la buena voluntad ajena, que se somete o trata de someter a otros. En algunos casos se siente desconectado de la realidad y aspira a “un mundo mejor”, en otros espera conseguir con cariño que lo apoyen y le den sustento (con lo cual se vuelve dependiente), en otros manipula para conseguir que los demás hagan lo que él necesita (y se va a aislando progresivamente del afecto familiar), o acaso se propone lograr una meta ambiciosa para ser respetado, etc. La infelicidad tiene muchas formas y todas ellas confluyen en la aspiración arquetípica del paraíso perdido. ¿Qué paraíso es ese? El de una existencia extática en el seno de una sociedad justa, una relación amorosa impoluta o una familia o una pareja feliz, donde no existan diferencias de credo, ni deseos contrapuestos. Es el sueño de una experiencia unitiva que nos libere de la individualidad tan dolorosamente conseguida y cimentada. La utopía del infeliz es la felicidad, claro, pero para conseguirla debe, paradójicamente, aceptar su dolor y explorarlo a fondo, entender lo que le está sucediendo de una manera totalmente frontal, honesta. Cuando la persona que sufre cae en cuenta de la naturaleza exacta de sus padecimientos, encuentra que su infelicidad es algo arduamente sostenido sobre creencias, miedos y ansiedades ciegas, de las que puede desprenderse en un momento de lucidez llamado por Fritz Perls un “mini-satori” o “pequeña-iluminación” (también lo digo por experiencia propia y lo he visto en terapia). En ese momento ve a sus familiares y amigos como realmente son y no como su infelicidad se los mostraba; los ve con un afecto libre de temores y exigencias. Los acepta y agradece su existencia, y puede, en un instante (aunque este instante sea el de su muerte), tener un momento de inspiración en el cual entiende una verdad: el paraíso son los otros.

Terapia para padres divorciados e hijos

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Muchos matrimonios terminan en divorcio. Durante el proceso, sus hijos se ven afectados emocionalmente y toman partido, prefieren estar en contacto con el padre o con la madre. Hay peleas por la responsabilidad de cada uno y su nivel de atención sobre los estudios escolares de los niños o niñas. En ocasiones, un padre trata de influir en la visión que los menores puedan desarrollar sobre su cónyuge, creando animadversión o frialdad en las relaciones parentales. Como en cualquier batalla, todos se consideran víctimas y no logran entender lo sucedido cabalmente, ni reparar los daños producidos. Pero los daños están a la vista. El resentimiento, la tristeza o la irritabilidad de un hijo suele ser la causa de una nueva preocupación (el hijo o hija se encierra, o se abstrae, o saca malas notas, o adopta el rol de madre o padre de sus hermanitos (as), o desafía a su padre/madre, o consume drogas). Hay heridas que sanar, perdones por solicitar, límites que poner o la necesidad imperiosa de abrir el corazón y resolver pendientes. De lo contrario, los efectos del conflicto afectarán la vida de los hijos, siendo el origen de más conflictos en su vida adulta, sobre todo con sus futuras parejas y futuros hijos. Si este es tu caso, puedes venir a terapia con tus hijos y/o tu ex-pareja, intentar algo antes de “soltar la toalla” e ignorar lo que pasa. Siempre hay una oportunidad. De esta crisis puede nacer un diálogo y una apertura mutua que haga de la relación padres – hijos, y entre los dos ex-esposos, una relación cálida y positiva para el futuro de todos. Llámame al 02-2285545 (Quito), o al 097330894 para hacer una cita. En caso de que lo prefieras, puedes escribirme a amacias97@yahoo.com

Trabajo con técnicas de la Psicoterapia Gestalt Integrativa.