Archivos Mensuales: agosto 2012

Salir de la adicción

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La recuperación exitosa de un adicto pasa por varios requisitos, siendo el primero de ellos que el adicto tenga conciencia de su dependencia, es decir: sufra a causa de ella y desee dejarla, aunque no lo haya conseguido. El daño debe superar al bienestar. De suyo, el bienestar es intenso las primeras veces, pero cuando el consumidor cae en adicción, el placer es pequeño o casi nulo, comparado con el deterioro y la resaca resultantes. Se trata de la dependencia hacia una sustancia que nos produce más que nada malestar, aumentando nuestra susceptibilidad y fragilidad ante los problemas de la vida, incapacitándonos para acumular energía y emprender cambios. El adicto trata de dejar la sustancia, pero no encuentra la fuerza o la motivación para sostenerse. Los problemas parecen superarlo o ser más grandes de lo que son en realidad. Antes de llegar a la adicción, la persona se aferra al consumo porque éste remplaza una “experiencia faltante”, es decir: el tímido se enamora del alcohol porque lo desinhibe, el rígido agresivo porque lo vuelve más afectuoso, el mártir porque lo hace sentir fuerte e independiente, el que se aburre porque entonces puede divertirse, etc. Lo mismo sucede con drogas como la cocaína o la base. Son compensaciones, inicialmente, pero luego fracasan. La sustancia agota su poder y sólo produce daño, pero el adicto sigue pegado a ella por dependencia fisiológica y por la ilusión de que una vez más las cosas van a ser como antes y la sustancia va a funcionar de mil maravillas. La verdad es que nunca más va a poder difrutar de las drogas. Cada vez va a ser peor. Ha llegado al final del camino y la única opción es destruirse o salir. Para recuperarse, la persona necesita trabajo corporal y respiratorio, que la “devuelva al cuerpo” y la tonifique (es como volver de entre los muertos, hay que sentirse de nuevo en este mundo). También necesita una terapia psicológica que le ayude a reencuadrar su vida y definir los cambios que necesita hacer en la parte externa y en la interna para mejorar su calidad de vida. El tímido que se desinhibe con alcohol, deberá aprender a soltarse y ser expresivo en sobriedad; el rígido, a ser flexible; el dependiente emocional, a ser más libre, etc. Todo aquello que condujo a la adicción debe ser sanado. Se deben hacer cambios en la manera de vivir, incluso tomar decisiones drásticas cuando son necesarias (divorcio o reparación de la pareja, confrontación con familiares victimizados, cambio de trabajo, etc). Todo con el objetivo de pararse en los propios pies y ser uno mismo. Después de todo, nadie quiere huir de su sobriedad si ésta vale la pena, es decir: si produce placer, desafíos y realizaciones significativas, que hagan sentir viva a la persona. El camino de la sobriedad, a la larga, es el camino de la autorealización. Si quieres pasar por este proceso, yo te apoyo con terapia psicofísica y emocional. Solo comunícate conmigo al 2285545 / 097330894  o escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com

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Salir de la depresión

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La depresión es una experiencia arraigada en el organismo. Todos hemos estado deprimidos alguna vez y sabemos que el desaliento y la “pesadez” que sentimos están relacionados a una postura corporal (decaimiento), a la falta de espontaneidad y a esas sensaciones físicas de apatía o desagrado que suben del vientre a la boca. El principio holísitico en la Psicoterapia Gestalt Integrativa nos dice que nada sucede en la mente que no suceda en el cuerpo, y viceversa. Es por eso que en la psicoterapia transformacional nos interesamos tanto en el trabajo corporal. Siguiendo a Alexander Lowen, creador de la Bioenergética, la depresión se expresa como una baja de energía en el organismo, como la interrupción del flujo vital a lo largo del cuerpo, causada por tensiones crónicas (miedo, ansiedad, dolores emocionales viejos). Muchas personas deprimidas van al sicoanalista y llegan a entender el origen de su depresión; así mismo, llegan a entender la irrealidad de sus fantasías depresivas, pero no salen de la depresión porque no han logrado subir su nivel de energía y descargar los sentimientos o impulsos reprimidos. Está probado que los pensamientos positivos influyen transitoriamente en la persona deprimida, naufragando poco después en los sentimientos negativos de siempre, pues la persona carece de la vitalidad necesaria para el cambio. Por eso trabajamos a nivel corporal para incrementar el bienestar y la autoconfianza. Esto es lo que hacemos cuando te ayudamos, primero: te enseñamos a respirar y a mover el cuerpo para subir tu nivel de energía; segundo: masajeamos las zonas de dolor, te ponemos en contacto con sus tensiones crónicas y te ayudamos a descargarlas; tercero: te ayudamos a expresar sentimientos y las memorias asociadas a ellos; cuarto: te ayudamos a entrar en contacto con tu fuerza vital para salir de los problemas y ver tu vida tal como es y no como la estabas imaginando. La expresión más clara de la depresión es “ahogarse en un vaso de agua”: sentir que las cosas, los problemas y las dificultades nos sobrepasan. Al subir nuestro nivel de energía y lucidez naturales, el problema asume su real dimensión y en muchos casos desaparece: se muestra como ilusorio. Si deseas vivir esta experiencia liberadora y recuperar el contacto pleno con tu energía vital, comunícate conmigo en: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com     o llama a los teléfonos 2285545  –  097330894

¿Qué aprendiste de tu divorcio?

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El divorcio suele ser una experiencia dolorosa. Tras un periodo inicial en el que parecía haber afecto y mutua aceptación de ambas partes, las cargas de la vida cotidiana hacen saltar las diferencias de criterio e inclinaciones, hasta convertir a ambas personas en malos compañeros de ruta. Lo que primero suele verse son los defectos del otro, su dificultad para amoldarse a nuestra visión de la vida. Una persona puede jugar el rol de víctima y la otra el rol dominante, una puede exigir y la otra dar el brazo a torcer por un momento (hasta que hace uso de su rabia o su resentimiento), una puede pedir cercanía y la otra buscar mayor independencia, una puede asumir mayores responsabilidades y la otra desentenderse o justificarse para no asumirlas. En muchos casos, dentro de nuestra cultura, el hombre se aleja de la casa (o bebe con sus amigos) y la mujer se convierte en una madre o esposa irritante. Sentirse atado a alguien que nos hace infeliz parecería ser la paradoja del divorcio. Tratar de entender lo que sucede, poner de nuestra parte y buscar un arreglo razonable, no suele servir de nada: es como si cada persona se diera la razón a sí misma, abierta o encubiertamente. Frente a la pelea externa, está además el “teatro mental”: esa pelea que libramos con nosotros mismos y nuestra pareja en nuestra fantasía. Y es que en realidad no vemos al otro como en realidad es, sino a través de nuestros fantasmas y proyecciones. Un hombre fuerte y expresivo puede, a los ojos de una mujer que juega el rol de víctima, aparecer como un tirano. Una mujer sensual y espontánea, a los ojos de un hombre inseguro puede aparecer como una prostituta, etc. Las acusaciones que se cimentan en pretendidas “pruebas” de lo que el otro hace en contra nuestra no son más que proyecciones de nuestros fantasmas y miedos más secretos. Acusar al otro suele ser una manera de eternizar el problema. Tras varias idas y vueltas, vienen la separación y el divorcio, con las peleas en torno a la custodia, los horarios y el mantenimiento de los hijos. Finalmente, sientes que has pagado un precio demasiado alto por la convivencia. Si este es tu caso, la pregunta es: ¿Cómo enfrentar lo que viene? ¿Cómo extraer un aprendizaje vital de lo que te sucedió, para actuar mejor en el futuro? Si quieres aprender de tu experiencia, puedes venir a terapia. Yo te ayudo a  contactarte con esa parte de ti mismo —o de ti misma— donde reside la fuerza que necesitas, esa fuente de lucidez y bienestar que te permitirá enfrentar el futuro con mejor actitud. Generalmente,  los conflictos de relación que viviste no son casuales: son la expresión de temores, creencias y condicionamientos antiguos que nunca has revisado ni asumido libremente. Superar el divorcio no es “olvidar lo que sucedió y moverse a otra cosa”, sino aprender de lo sucedido y desarrollarte como una persona más libre, más sabia y más intuitiva en el futuro. Si este es tu deseo, puedes contactarme por Facebook (Adolfo Macías terapeuta) o pedir una cita en: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com   Si lo prefieres, llámame al 097 330894 – 2285545

Congruencia e incongruencia: dos fases del proceso

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Dentro de la Psicología Humanística se ha idealizado la congruencia como un estado deseable para el ser humano. Se puede entender a la congruencia como la unidad entre sentir, pensar, hacer y decir; pero también como la unidad la mente y el cuerpo, o la correspondencia entre los procesos concientes con los procesos inconscientes u organísmicos más profundos. Para la Gestalt y la Psicología del Proceso, la incongruencia se manifiesta en forma de “dobles señales”, es decir cuando la persona de manera conciente y deliberada expresa algo, pero su cuerpo, de manera involuntaria, dice otra cosa. Por ejemplo: la persona dice no sentir miedo pero está palida, o la persona dice sentir mucha paz pero agita incesantemente uno de sus pies sin darse cuenta. Las señales dobles se justifican por cuanto una persona se identifica con ciertas tendencias de su personalidad, ignorando o reprimiendo otras. Por ejemplo una persona que se identifica como decidida, fuerte y dominante, puede ser incapaz de contactar con su debilidad o vulnerabilidad, pero éstas “lo traicionan” en su tono de voz u otras señales no voluntarias de su lenguaje no verbal. Desde este punto de vista la incongruencia sería algo negativo. Sin embargo, cabe considerar a la incongruencia como parte de un proceso por el cual la identidad es sometida a una revisión y crisis transitoria, para que emerja una nueva personalidad. Es decir: la incongruencia sería una fase necesaria, crítica, en la cual nuestra identidad entra en crisis, para que pueda surgir algo nuevo. La persona que tenía una experiencia de vida más o menos armoniosa y congruente, empieza a sentir ciertos estados psicofísicos molestos: ansiedad, miedo, adormecimiento, ira aparentemente injustificada y otros, incluyendo enfermedades o síntomas de carácter físico, aparentemente desconectados del mundo emocional. La vida, experimentada de manera estable y congruente, es de pronto experimentada como algo inestable e incongruente (pienso unas cosas que no quiero decir, o siento cosas que no entiendo). Esto desatará un proceso de cambio, una evolución de la identidad conciente del individuo. La vida humana, desde este punto de vista, es un ciclo de muerte y renacimiento interminable, que solo se suspendería al precio de una rigidez extrema, que impidiese a toda costa el cambio de personalidad. Recordemos el lema: genio y figura, hasta la sepultura. Por el contrario, la mística hindú favorece la visión de la vida como un teatro, y de la personalidad como rol, como máscara y juego, diferente de la esencia. Pasar de una personalidad a otra sería, de esta manera, una suerte de transmigración del alma en esta vida, de personalidad en personalidad. Las pesadillas, los estados emocionales alterados y los problemas relacionales estarían ahí para decirnos que ha llegado la hora de cambiar, que algo “no funciona” en nuestra manera actual de interpretar e interactuar con el mundo. Rendirnos a lo desconocido y seguir la dirección del proceso emergente serían destrezas para la transmigración.