Archivos Mensuales: septiembre 2012

¿Tu pareja te domina?

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Una mujer llega a consulta. Tiene problemas con su marido. Dice que la “asfixia”, pues todo el tiempo la llama por teléfono, critica sus iniciativas de trabajo y le dice cómo debe actuar y comportarse, lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Las frases “no me deja respirar”, “hace que me sienta mal” y “no me deja ser como soy” dejan claro que ella cree que su malestar es producto de lo que él hace. Al hacer esto, pone la responsabilidad de su malestar en su marido, como si ella no tuviese su vida en sus manos, como si fuese una niña bajo el dominio de un padre. Cuando exploramos su infancia, vemos que su padre era autoritario y muy racional, sabía exactamente lo que ella debía hacer y la controlaba. Ella no podía negarse a lo que él decidía porque su padre era de temperamento muy fuerte y “no admitía réplicas”. La dificultad para decir no, la sensación de impotencia e invalidez ante una imagen masculina fuerte son cosas conocidas en su vida desde la infancia. Cuando le pregunto cuál es su fantasía, que qué se imagina pasaría si aprendiera a decir no o a poner límites, ella responde que provocaría el enojo de su marido. En un nivel más profundo, el enojo del otro, para ella, es algo que sobrepasa el umbral de lo tolerable: equivale a una forma de aniquilación, registrada en la infancia y grabada en su inconsciente adaptativo. Ahora que es adulta, vive como si todavía fuese niña y su marido fuese tan poderoso como lo era su padre para una niña de solo diez años. En este punto las preguntas son: ¿Es realmente su marido como ella lo pinta? ¿No será que ella le ha dado ese rol al someterse desesperanzadamente? Posiblemente ella se derrota antes de la batalla y ni siquiera intenta hacer valer sus necesidades o deseos. Por dentro, la niña oprimida sigue gobernando sus reacciones. Lo que la mujer buscaba al inicio en terapia (un terapeuta aliado, que se compadezca de ella y se enoje con el marido opresivo) deja de ser importante o cierto en medio camino: el problema no es su marido… ¡Es ella misma! En este punto la terapia se reorganiza y camina en la dirección correcta: aquella en la cual mi felicidad depende de mí mismo y no de otras personas, aunque las ame profundamente. El poder que otro tiene para impedirnos ser como somos se lo damos nosotros mismos, así de sencillo, y lo hacemos por un registro vivencial que proviene de un largo proceso de vida, en el cual aprendimos a renunciar a nuestros deseos para poder ser aceptados o queridos por otras personas. La terapia puede ayudarte a retomar tu poder, a responsabilizarte de tu felicidad y cambiar tu manera de relacionarte con tu pareja. (Adolfo Macías, Psicoterapia Transformacional, 097330894 / 2285545, Quito, adolfomaciasterapeuta@yahoo.com)

Que tu trabajo sea tu felicidad

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Algunas personas que vienen a mi consulta experimentan su vida como un peso. Sienten en particular que su trabajo los desgasta, que es su deber sacrificarse por su familia o cumplir con una serie de “obligaciones” impuestas desde fuera. Esta victimización, habitual en nuestra sociedad, puede ser causa de numerosos síntomas y enfermedades, tanto físicas como nerviosas. El estrés, la irritabilidad y el agotamiento que provienen de este secuestro de nuestra libertad, son palpables. Algunas personas llegan a desarrollar úlceras, neuralgias, escoliosis y otras enfermedades por este motivo. La cosa es que nos esforzamos y aceptamos el peso de nuestras obligaciones estoicamente. Pero no es el mundo quien nos exige este sacrificio: somos nosotros mismos quienes nos sujetamos a una vida no deseada, satisfaciendo una voz interna que nos oprime con creencias sobre nuestro rol familiar y social, sobre lo que los demás esperan de nosotros para admirarnos, amarnos o respetarnos.

El desarrollo de nuestro talento, en conexión con las oportunidades que nos ofrece el mundo externo, es, en esencia, un ejercicio feliz o estimulante. Las debilidades emocionales (dependencia afectiva, inseguridad, ambición, busca de reconocimiento, etc.) así como creencias tempranamente inculcadas sobre nuestro poder o ausencia de poder, son las que desvían nuestro esfuerzo en la dirección equivocada. Lo que puede ser un camino con corazón, una vida de expansión y desarrollo de nuestro potencial individual, se convierte en una “lucha”, “competencia por ser el mejor”  o una “batalla por la vida”. Durante mucho tiempo pasé por esto y sé de lo que hablo. Me tomó algunos años de desarrollo personal y varias sesiones terapéuticas descubrir que mi familia no merecía mi sacrificio, ya que al sacrificarme los convertía en cómplices de mi infelicidad y de mi agotamiento, afectando la atmósfera del hogar con una pesadez malsana. Ser libre significa ser uno mismo, y actuar en consecuencia con mi deseo y con mi talento: ¡expandirme y realizarme como ser humano! Un hombre puede ganar dinero sin negarse a sí mismo esta maravillosa experiencia. Tu familia será beneficiada por el bienestar que emana de ti.

Si quieres darle un giro a tu vida en este sentido, no estás solo. Te apoyo con terapia. Solicita una cita a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com   o marcando el 097330894 / 2285545

Te desde ya envío un abrazo.

El alma y la danza

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Fluir, permitirse mecer por la música y dejar que el cuerpo se mueva con ella, hacen de la danza una experiencia de placer, ensoñación y felicidad única. Dando talleres de danza extática con el sencillo y maravilloso sistema de Gabriela Roth y algunos aportes de la Psicología del Proceso, he descubierto que, así como la mente sueña con imágenes mientras dormimos, el cuerpo sueña a través del movimiento y nos permite contactar energías y sensaciones escindidas de nuestra experiencia habitual. La persona que se cree frágil puede constatar su fuerza a través de movimientos que le hacen sentir su peso, su fuerza y su balcanceo; el que se siente pesado puede elevarse como un ave; el que se siente ordenado puede experimentar el éxtasis del caos. Cada quien puede acceder a un estado alterado de conciencia y descubrir mensajes de lo profundo, que pugnan por ser escuchados. Si integramos estos mensajes y los relacionamos con nuestra vida cotidiana, podemos vivir de mejor manera. Danzando nos curamos, danzando encontramos el camino, danzando llegamos a Dios. Como el peyote y el canto para los chamanes, danzar es un salto a la meta realidad, una puerta que nos permite conectar con el mundo soñante. El baile social, en la medida en que utiliza pasos y rutinas prefijadas, cumple con otros objetivos de sensualidad y entretenimiento. La danza en estado de conciencia ampliada es diferente: dejamos que el cuerpo se mueva y lo seguimos sin decidir lo que hacemos, entregándonos a las sensaciones emergentes y permitiendo que las imágenes creadas por el cuerpo se apoderen de nuestra psique y nos transporten. He visto a personas convertirse en olas o leopardos, en lluvia, en gigantes, delfines o árboles. Es el alma la que revive en la danza. A través de la danza el alma se enciende y fluye, como una antorcha de verde sabia libera sus señales al viento.