¿Tu pareja te domina?

Estándar

Una mujer llega a consulta. Tiene problemas con su marido. Dice que la “asfixia”, pues todo el tiempo la llama por teléfono, critica sus iniciativas de trabajo y le dice cómo debe actuar y comportarse, lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Las frases “no me deja respirar”, “hace que me sienta mal” y “no me deja ser como soy” dejan claro que ella cree que su malestar es producto de lo que él hace. Al hacer esto, pone la responsabilidad de su malestar en su marido, como si ella no tuviese su vida en sus manos, como si fuese una niña bajo el dominio de un padre. Cuando exploramos su infancia, vemos que su padre era autoritario y muy racional, sabía exactamente lo que ella debía hacer y la controlaba. Ella no podía negarse a lo que él decidía porque su padre era de temperamento muy fuerte y “no admitía réplicas”. La dificultad para decir no, la sensación de impotencia e invalidez ante una imagen masculina fuerte son cosas conocidas en su vida desde la infancia. Cuando le pregunto cuál es su fantasía, que qué se imagina pasaría si aprendiera a decir no o a poner límites, ella responde que provocaría el enojo de su marido. En un nivel más profundo, el enojo del otro, para ella, es algo que sobrepasa el umbral de lo tolerable: equivale a una forma de aniquilación, registrada en la infancia y grabada en su inconsciente adaptativo. Ahora que es adulta, vive como si todavía fuese niña y su marido fuese tan poderoso como lo era su padre para una niña de solo diez años. En este punto las preguntas son: ¿Es realmente su marido como ella lo pinta? ¿No será que ella le ha dado ese rol al someterse desesperanzadamente? Posiblemente ella se derrota antes de la batalla y ni siquiera intenta hacer valer sus necesidades o deseos. Por dentro, la niña oprimida sigue gobernando sus reacciones. Lo que la mujer buscaba al inicio en terapia (un terapeuta aliado, que se compadezca de ella y se enoje con el marido opresivo) deja de ser importante o cierto en medio camino: el problema no es su marido… ¡Es ella misma! En este punto la terapia se reorganiza y camina en la dirección correcta: aquella en la cual mi felicidad depende de mí mismo y no de otras personas, aunque las ame profundamente. El poder que otro tiene para impedirnos ser como somos se lo damos nosotros mismos, así de sencillo, y lo hacemos por un registro vivencial que proviene de un largo proceso de vida, en el cual aprendimos a renunciar a nuestros deseos para poder ser aceptados o queridos por otras personas. La terapia puede ayudarte a retomar tu poder, a responsabilizarte de tu felicidad y cambiar tu manera de relacionarte con tu pareja. (Adolfo Macías, Psicoterapia Transformacional, 097330894 / 2285545, Quito, adolfomaciasterapeuta@yahoo.com)

Anuncios

Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

Un comentario »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s