Los sueños nos enseñan a vivir

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Un chico que está en problemas con su familia por su supuesta “inercia”, “depresión” y “falta de empuje” (según sus padres) viene a terapia. Ha soñado que está en una parada de bus, una de esas viseras de cemento viejas y corroídas por la lluvia, que cobija en una carretera a los pasajeros que quieren subirse a un bus intercantonal. Los buses vienen llenos y no se detienen a recogerlo. Misteriosamente sabe que, si no juega con los niños que están en una casita de madera en el monte, al otro lado del camino, ningún bus va a recogerlo. Esa es la ley del sueño: o juegas con los niños o no vas a ningún lado. Está en la costa, hace calor. Se dirige hacia los niños y juega con ellos. Se acercan a un perrito, toman agua fresca de un balde, se ríen, los abraza y corretean hasta agotarse. Entonces entiende que debe irse. Ellos están tristes de perder a un buen compañero. Él regresa hacia la parada y un bus se detiene, parte para Quito. Cuando le pido que se convierta en uno de los niños, dice que se siente feliz de estar con alguien que quiere jugar con él, de divertirse espontáneamente, de manera inocente. Cuando le pido que sea el agua, quiere saltar en borbotones e inundarse de luz, sentirse fresco. Cuando le pido que sea el perrito, imagina que brinca y juega con la misma espontaneidad. Todo coincide: a través de esos personajes, él reconoce su anhelo profundo de contacto y movimiento (en su depresión, suele quedarse en la cama o frente al computador, quieto y sumido en su tristeza). Cuando le pido que se convierta en la estación de bus desde la que partía en el sueño, él se descubre como un ser cansado y viejo, golpeado por la vida, fuerte pero triste. El sueño le dice que para poder seguir su camino debe dejar esa estación e ir a jugar con los niños. Entonces le pido que formule el deseo del sueño, y él dice: “me siento cansado y viejo, gastado, y anhelo jugar, no voy a poder seguir mi camino si no vuelvo a ser como un niño y salgo de mi silencio, me divierto con las personas y expreso mis sentimientos con inocencia, tal como me gusta ser. En realidad yo soy una persona sencilla, y soy feliz con cosas muy simples”. ¿Y cómo vas a llegar?, le pregunto, ¿cómo se siente ser ese bus que te lleva hacia Quito? El sonríe: “Me siento potente y rápido, lleno de fuerza”. Una sensación de bienestar irradia dentro de él al decir esto. Le pido que observe dentro de su organismo en qué parte resuena el juego con los niños. Me reporta que es una sensación alegre en su bajo vientre y en sus piernas. Masajeo y sacudo estas zonas, como llamándolas a despertar. Luego le pido que vuelva a sentirse como la vieja parada de bus y que me reporte en qué parte del cuerpo siente este cansancio y rigidez. En la columna, responde. Apenas toco esta zona grita de dolor. Los músculos de su espalda están contraídos y su columna carece de movilidad (en su sueño la parada de bus es un pilar de cemento con una visera). Todo el dolor de su existencia parecería acumularse en este sitio. El masaje es largo y doloroso. Trabajamos en ejercicios de bioenergética para la flexibilización de la columna y corremos como niños por la consulta, balanceándonos como figuras de goma, para que la columna oscile, hasta cansarnos. Luego se va felizmente a su casa. Hemos pasado un gran momento. El sueño, como siempre, fue transparente. Totalmente transparente.

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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  1. me parese muy impotante y nesesario porque aveses nos deprimimos tanto que con leer a mi si me ayuda gracias y suerteeeeeeeeeeeeeee

  2. Doctor Macías que bella labor la suya: ayudar al ser humano que se decide a buscar una luz a rescatar su potencial, belleza y valía interna…. todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles, y traemos con nosotros un diamante que debemos pulirlo a diario, hasta que brille de manera que primero nos refleje el amor y la belleza de la vida y de Dios, y luego que seamos transparentes de esta bondad hacia los demas…. felicitaciones dorcor, es una bella historia.

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