Archivos Mensuales: diciembre 2012

El buen morir

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Picture 29Cultivar el estado de atención para el buen morir es algo tan natural en el budismo, que llama la atención que nosotros no tengamos ninguna cultura del morir alternativa. Un velorio en nuestra sociedad católica quiteña, es algo parecido a una doble señal gigantesca: se reúnen en una misa para celebrar el tránsito del alma a un estado superior de vida, pero se llora con la más profunda sensación de que el difunto a vivido la extinción más absoluta. Vivimos ignorando la muerte, y cuando llega no sabemos cómo recibirla. Simplemente nos paraliza. Mientras tanto, ignorar es nuestro negocio. Somos muy exitosos en vivir como si nunca fuéramos a morir, y en morir como si nunca hubiésemos vivido. Este paradigma cultural puede ser cambiado, si miramos a la muerte sin remilgos, si aceptamos su presencia en nuestras vidas y su inmanencia organísmica, como algo natural: una invitación al misterio. Es triste ver la manera en que las personas prolongan su vida en estados lamentables, ya que nuestro sistema educativo no trabaja sobre este campo con la misma claridad con la que se está poniendo, por ejemplo, en el tema sexual. Sexo y muerte son algunos de los grandes misterios de la vida. Podemos velar por ellos de igual manera. La muerte es ante todo una experiencia, algo que hacemos y hacia lo que vamos desde el núcleo de nuestra existencia. Mientras la veamos como algo ajeno, algo que nos sucede de manera perturbadora y desagradable, seguiremos jugando en ella un rol pasivo. Batallamos con todos los recursos de la tecnología médica, maltratando profundamente el cuerpo del enfermo hasta convertirlo en un despojo, sin ninguna consideración. Por supuesto, el mismo enfermo prefiere convertirse un despojo con tal de vivir unos meses más, ya que carece de autocontacto suficiente y fe en su proceso de extinción como una posible fuente de experiencias significativas. Por esto, llegado un punto irreversible, propongo a las personas que padecen de una enfermedad terminal evitar tratamientos desgastadores, dejar de comer progresivamente y permanecer con bebidas desintoxicantes hasta que les llegue la muerte al cabo de un tiempo. Durante este proceso, es posible abrirse a la experiencia desde el corazón, dejando que el miedo vaya y venga, hasta que algo más se exprese: la esencia de lo que somos en ese momento, sin ninguna clase de auto-manipulaciones y sin manipular a los demás desde nuestra pretendida tragedia. Entrar en la muerte con la conciencia enfocada en la experiencia presente (procesos psicofísicos, sueños, flujo de la conciencia) y observar lo que nos sucede cuando el corazón se detiene. Una experiencia intensa y maravillosa, maltratada por siglos de una cultura decadente, que no tiene respuestas a las necesidades más básicas del ser humano. Quien sabe si, después de todo, existe una experiencia espiritual tras la muerte. Todo esto, por supuesto, es solo una opinión personal.

Las malas interpetaciones en la pareja

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ojoSegún Ron Kurz y otros autores, “la percepción es inferencia”. Es decir, cuando vemos y escuchamos al otro, hacemos una serie de suposiciones inconscientes e instantáneas que nos dominan con la fuerza de lo evidente. Podemos estar convencidos de estar ante una persona enojada, cuando la otra persona se siente cansada, por ejemplo. Sin darle dos vueltas, reaccionamos ante esa persona de manera inmediata, como si en efecto estuviese —tal como creemos verla— enojada. En realidad buena parte de lo que denominamos “el mundo real” es un invento de nuestro cerebro, al cual muchos estudiosos de la mente consideran hoy en día como “una máquina de realidad virtual”. Veamos un caso. Una pareja está en terapia. Ella le dice a él, “necesito un tiempo para mí misma” y él reacciona con disgusto de inmediato. Cuando le pido al hombre que traduzca la frase, es decir, que observe internamente lo que esta frase le produce y significa emocionalmente, él hace la siguiente traducción: “Necesito tiempo para mí misma” = “Ya no me gusta estar contigo”. Otra traducción realizada de manera inmediata por el señor puede ser: “Me desagradas, siento rechazo por tu sexualidad”. Por su puesto, esta traducción o significado implícito no está en el nivel del lenguaje. Es algo que sucede por debajo del umbral de la consciencia y de la libertad especulativa. Un automatismo generado por condicionamientos caracterológicos profundos, resultado de toda su experiencia previa de vida y codificados en el inconsciente adaptativo. Este tipo de traducciones son comunes en los conflictos de pareja. Cada uno reacciona ante lo que el otro dice escuchando otra cosa, de manera que el diálogo se vuelve irresoluble. En muchos casos se trata de palabras, pero en otros se trata de gestos o actitudes. Recuerdo un caso en el cual una mujer era acusada por su marido de actuar “arrogantemente”, en el hogar. Cuando le pregunté qué le hacía suponer que ella era arrogante, el dijo que dos cosas perceptibles; el no dirigirle la palabra y la gestualidad seria de su rostro. A lo largo de la sesión quedó claro que cuando él se distraía en el computador y no la ayudaba con la limpieza de la casa, ella se sentía abandonada y cargada injustamente de trabajo, momento en el cual optaba por el silencio y la frialdad. Este silencio y actitud que para ella significaba “Me siento herida, parece que no te importo”, para  él significaba “Soy superior a ti”. Llevar a la conciencia esta traducción y entender su origen, los llevó a entenderse mejor y ser más atentos el uno con el otro. Por este motivo, cuando tenemos problemas con nuestra pareja, es importante darnos cuenta de las frases o actitudes del otro que nos perturban, y entender lo que estas frases o actitudes significan para él, y cómo nosotros las traducimos emocionalmente. Entonces nos daremos cuenta de que las traducciones revelan nuestros miedos o expectativas más profundas. Si tenemos miedo a ser abandonados, cualquier distracción o gesto del otro que denote aislamiento o independencia, significará para nosotros, probablemente, que estamos siendo rechazados u olvidados. Si tenemos el deseo de ser admirados, una sonrisa del otro significará que somos valiosos, etc. De esta manera, conocer las traducciones que hacemos, y las que nuestra pareja hace de nuestros gestos y palabras, nos permitirá conocernos a nosotros mismos y al otro más profundamente.