Archivos Mensuales: febrero 2013

Caminar con el corazón

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camino-con-corazonSegún las enseñanzas brindadas a Carlos Castaneda por el brujo mexicano Juan Matus, para poder ser un guerrero, no basta con perder la importancia personal (llenar expectativas ajenas es un desperdicio de energía), se necesita, además, un camino con corazón. Si nuestro deambular en la vida es hermoso y vale la pena de ser vivido, las consecuencias de nuestros actos dejan de ser tan relevantes. No importa si hay otro trabajo más fácil y que pague más, escogeremos el que amamos, sin pensarlo dos veces. Sin embargo, la cultura en que vivimos insiste en algo muy diferente: tener una meta e ir tras ella, haciendo los sacrificios necesarios. Es la moral del éxito y del fracaso. El fracaso es la sensación de impotencia y la autocrítica interna experimentados cuando no conseguimos nuestro objetivo, pese a los intentos realizados. El fracaso es por lo tanto la contraparte del éxito, su sombra. Para poder caminar el camino del éxito (el “camino con ambición”), debemos tener interiorizada la imagen del éxito a lograr, y un crítico interno que se encargue de fustigarnos lo suficiente para llegar allá. Esta escisión interna mediante la cual nos aseguramos de “vencernos a nosotros mismos” (sobreponiéndonos al tedio y el vacío ocasionales), es el precio doloroso que pagamos por vivir fuera del instante, en tensión permanente hacia el futuro. La ansiedad anticipativa —o estrés— es por eso una enfermedad tan común en nuestra sociedad. Todo es “para ayer”, la plata no alcanza, corremos de un lado para otro, como si hubiera sentido (una meta), pero con la certeza íntima de que no lo tiene; certeza acrecentada ante la posibilidad de una muerte inmediata (enfermedad, vejez, accidentes). Podríamos entonces decir con Shakespeare que la vida es un cuento narrado por un demente, lleno de furia y sonido, pero que nada significa. Se vuelve entonces necesario “parar el mundo” por un momento. Parar el mundo es hacer un paréntesis y suspender los roles que jugamos mañana, tarde  y noche. Observarlos detenidamente para determinar la forma en que nos gobiernan, y desapegarnos de ellos. Así estaremos libres para entrar en contacto con nuestra energía sutil, en el aquí y el ahora: ser cazadores de poder. Paramos el mundo y cazamos poder cuando retomamos la energía invertida en “ser alguien”  y la utilizamos para ser lo que somos (a veces menos, pero también, a veces, mucho más de lo que pretendemos, y esto puede ser atemorizante). Despertar de la hipnosis social. Esto es lo que tratamos a apoyar en las personas cuando hacen un trabajo terapéutico: tomar conciencia de la manera en que usan su energía actualmente, despavilarse y descubrir si hay una mejor manera de sentirse vivas. Una manera que pueda llamarse, en justicia, un “camino con corazón” (para reservar una sesión terapéutica, llama al 0997330894 / 2285545  o escribe a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com)

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El vaso medio vacío, o medio lleno…

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vaso medio llenoLos norteamericanos tienen un refrán relacionado a ver un vaso “medio lleno” o “medio vacío”. El vaso tiene la misma cantidad de agua, todo depende de quien lo ve. El que ve el vaso medio lleno está recibiendo, agradecidamente, lo que tiene; el que lo ve medio vacío percibe, con mayor intensidad, su carencia. Vivir con el vaso medio vacío significa experimentar la vida de manera comparativa, es decir compararla con lo que nuestra vida podría o debería haber sido. Esta comparación escamoteadora nos convierte en esclavos de un sueño perdido y de una frustración constante. O lo echamos todo a perder o no nos dieron la oportunidad. La queja, la resignación o la culpa son las actitudes resultantes. El que ve el vaso medio lleno, ve lo que ha conseguido y las oportunidades que la vida le brinda de manera agradecida. Sus errores no lo nublan todo. Se aplica a vivir el presente en lo que tiene de generoso y prometedor. Aquí y ahora, en este mismo instante, puedo dejar de ver el vaso medio vacío y empezar a ver el vaso medio lleno. Es lo que le sucede a las personas que hacen un proceso terapéutico: recuperan la real perspectiva de su libertad, su valor y su capacidad, que parecían ausentes: se llenan de sí mismos y actúan en consecuencia, sin perder de vista sus limitaciones y las circunstancias adversas que deben enfrentar. En otros casos, es posible ir más allá. ¡Ver el vaso lleno! Es algo que me sucedió por primera vez tras una pérdida amorosa, cuando era joven. Había dejado mis estudios universitarios, no tenía un centavo y todo lucía miserablemente desalentador. ¿Valía la pena vivir, si lo único que amaba era una muchacha que se había ido con otro? Tras sentarme a llorar largamente en un parque, terminé por mirar alrededor y me di cuenta de que estaba en medio de una hermosa tarde soleada (!). Entonces reparé en que los arbustos y las flores, el agua y los botes, las nubes y el cielo eran hermosos, y me sorprendí de que hubiera estado sufriendo hace un momento con tal intensidad. Estaba vivo, en medio de una tarde maravillosa. Claro, me dije: “si yo soy”. Y mi alegría al darme cuenta de esto fue tan intensa que salí de mi cuerpo y fui proyectado a un plano espiritual donde experimenté un estado de gracia y dicha tan absolutas, que todavía, veinte y cinco años después, estoy tratando de integrar su sentido  a mi vida, de manera consciente. Por un instante dejé de ver el vaso medio vacío y lo vi medio (o completamente) lleno. Y todo cambió, aunque nada hubiese cambiado. Lamentablemente, ciertos hábitos interpretativos y estructuras arraigadas de personalidad volvieron a cegarme durante largos años y me trajeron de regreso a esa pseudo existencia acostumbrada, que nos hace a veces vivir a medio gas, con la sensación de que “algo falta”. Poco a poco he descubierto que no me falta nada: la carencia es una actitud de de vida, desde la cual las cosas se muestran insuficientes. ¿Qué hacer entonces? Buscar más placer sensorial, drogas, control, dinero o aceptación social. Más. Y no es suficiente. Nunca lo será. Para que lo sea debo hacer algo tan simple como aceptar lo bueno, aquí y ahora. Rendirme a la evidencia de la plenitud. Es lo que somos.