Nuestro cuerpo: el mago silencioso

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220px-Gustave_Moreau_005Según la Psicología del Proceso de Mindell, todos tenemos una personalidad consciente o identidad primaria, con la que nos identificamos. Cada vez que yo me identifico con algo, establezco una línea divisoria entre lo que soy y lo  que no soy. Si digo que soy honesto, establezco una línea divisoria entre gente honesta y gente deshonesta. Si digo que soy sensible, establezco un límite entre quienes lo son y no lo son. Yo estoy en este grupo, otros en el otro. Así puedo decir, por ejemplo, que soy bajo, gordo, callado, cariñoso y trabajador. Sin embargo, mi cuerpo dice muchas cosas de mí que no forman parte de esta autoimagen. Por ejemplo cierto temblor de manos, de misterioso origen, que me perturba. Si me contacto con el temblor y dejo a mis manos temblar, exagero este temblor y me hago cargo de él, puede transformarse en un estallido de ira reprimida. Y resulta que en ese momento no soy callado ni cariñoso, sino firme y agresivo. Parecería de golpe haber saltado de adentro a un “algo que no soy”. Todas las señales corporales perturbadoras de naturaleza inconsciente pueden ser acceso a rasgos de personalidad reprimidos por mi identidad primaria y mis creencias nucleares. Si creo que “si expreso mi desacuerdo me van a rechazar” y que eso sencillamente “no se hace con las personas que uno ama”, porque yo debo ser “buena gente”, toda mi agresividad será sofocada y acallada en el inconsciente y se presentará entonces de manera misteriosa a través de señales corporales “secundarias”, o sea señales involuntarias y automáticas, de origen desconocido. Si evadimos la ira, por ejemplo, esas señales contendrán un acceso a esa ira. Esto puede hacerse de dos maneras: (1) posturas corporales de control: por las cuales nos sentimos mejor y bloqueamos la sensación emergente perturbadora (una persona se acaricia una oreja en medio de una conversación); y (2) señales perturbadoras (como temblor de piernas ante un auditorio) que al ser enfocadas por la consciencia producen malestar y acceso al material reprimido. Cabe aquí decir que una vez enfocada la señal, si dejamos nuestra mente analítica a un lado y ampliamos la experiencia, entrando, por así decirlo, en trance, hasta que la señal se “desarrolla”, puede aparecer algo por completo distinto a lo que percibimos en primera instancia. Por ejemplo el temblor de piernas (que experimenta una persona ante un auditorio), al ser amplificado en terapia, puede convertirse en un zapateo alegre y poderoso, que hace sentirse a la persona llena de energía. Este proceso que lleva de una polaridad a otra es conocido como “enantiodromia” (Gustav Jung), principio por el cual cualquier fuerza en su máxima expresión de transforma en su opuesto, como está cifrado en el clásico símbolo del yin y del yang. Hay que recalcar que no siempre se reprimen cosas como la ira, el resentimiento o el llanto (aunque esto sea lo más usual), también se pueden reprimir las tendencias homosexuales, la creatividad y el entusiasmo, por poner ejemplos de muy diversa índole. Por esto, en la Psicoterapia Experiencial, existe una herramienta de auto-observación muy útil, la auto-observación de posturas y gestos habituales, que podemos realizar en cualquier momento en nuestra vida diaria para darnos cuenta de lo que nos sucede, más allá de la conciencia inmediata. Al fijarnos en la forma en que cruzamos piernas, apretamos una parte del cuerpo con otra, sonreímos o ladeamos la cabeza, la dirección de nuestra mirada en determinado momento, etc., podemos explorar lo que “está por debajo”, afinar nuestra percepción interna y preguntarnos: “¿Qué estoy haciendo?” Y luego: “¿Qué estoy consiguiendo experimentar y qué estoy evitando sentir al tomar esta postura?” Y finalmente: “¿Qué dice esto sobre mi manera de estar en el mundo?”. (Si deseas una cita, escríbeme a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com  / o llámame al 0997330894 / 2285545)

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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    • No. Esto es diferente. El PNL trabaja con la mente (el mapa que la mente construye del ego y de sus relaciones con el mundo), la Psicología del Proceso trabaja con las expresiones organísmicas de lo que Arnold Mindell denomina “el cuerpo soñante”, fusión entre el inconsciente y organismo que se identifica más bien con la “sabiduría organísmica” de Perls ( creador de la psicoterapia gestáltica): un más allá del ego, que nos habla a través de las señales corporales involuntarias y nos indica el camino para salir del autoconfinamiento neurótico, por así decirlo.

  1. Quisiera saber si podría atender a mis hijos, ellos son de 12 y 9 anios respectivamente, cuanto costaría una sesión para que me diga, que podemos hacer por ellos que últimamente, no se llevan bien

  2. Tengo una dolencia de caracter “irreversible” segun el medico, quisiera saber si hay alguna tecnica para que mi cuerpo autoelimine dicha dolencia

    • Hay una técnica de la Psicología de Procesos que permite idnetifica rlos aspectos emocionales presentes en un síntoma, que a veces es de ayuda, si lo deseas podemos hacer una sesión para esto, es algo que debe hacer mediante acompañamiento.

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