Archivos Mensuales: abril 2013

Las siempre misteriosas “proyecciones”

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6Una de las mayores curiosidades dentro de la Psicología es la detección de las proyecciones que realizamos sobre otras personas, de algunos de los contenidos de nuestro inconsciente. En su libro Conciencia sin fronteras, Ken Wilber da un ejemplo sencillo y humorístico de una proyección. Un hombre amanece con entusiasmo y se decide a limpiar y reordenar el garaje. Se viste con jeans viejos y zapatos tenis, desayuna generosamente, dispuesto al trabajo, y entra al garage. Entonces ve las manchas de grasa, las cajas repletas de repuestos y otras cosas. Enormes y pesados estantes de un viejo negocio, un mueble roto difícil de cargar si ayuda de otra persona, el olor insistente a orine de gato, bolsas con cosas de dudosa consistencia… Todo resuma grasa y polvo. El sujeto empieza a caminar sin saber por donde empezar. Se queda parado, da vueltas sin hacer nada, mueve una caja de un lugar a otro y titubea. Entonces entra su mujer y pregunta con una sonrisa: ¡¿Vas a arreglar el garaje?! Y él replica irritado: ¡¡No me presiones!! En un segundo, un impulso propio ha dejado de serlo y se ha proyectado (como una chispa que salta de un polo a otro) sobre otra persona, con el resultado de que el impulso original de ordenar el garaje es experimentado ahora como una orden externa, en este caso de la mujer. Nuestras proyecciones más persistentes dicen mucho de nosotros mismos, generalmente de aspectos de nuestra interioridad disociados o reprimidos por nuestra identidad consciente. Si tengo dificultad para enojarme y soy demasiado concesivo (ya saben: el buen tipo que agrada a todos), es probable que mi mujer sea la furiosa, la que protesta. Yo proyectaré en ella mi enojo y lo experimentaré como algo ajeno: mi mujer, por así decirlo, se enojará por mí y yo trataré de calmarla, sintiéndome perturbado por sus accesos de cólera. Cuando una visita me abrume con una charla interminable, ella se encargará de echarlos con cierta rudeza, haciéndoles sentir que son molestos, mientras yo me ruborizo, etc. Por otra parte, proyectamos no solo aspectos reprimidos de nuestra psique, sino imágenes internas de personas que marcaron nuestra existencia y sobreviven como “fantasmas” en nuestra memoria emocional, de manera que una mujer que siempre anheló el cariño de su padre (un hombre bondadoso y alegre, pero ausente), buscará amparo en otro hombre de esas características, y se casará, acaso, con él. El resultado de hacer este tipo de proyecciones, sin embargo, no suele ser positivo en el largo o mediano plazo. Pronto la proyección, si era agradable, muestra fisuras, y la persona revela ser otra de la que nosotros veíamos. Por el contrario, si proyectamos una energía que no nos resulta agradable (como la ira), es probable que al integrarla como parte de nuestra identidad, liberemos a la persona de tan pesada carga proyectiva, y la veamos tal cual es: más humana y menos amenazante. Eso es esencial en una pelea de pareja: ¿qué tanto de lo que yo rechazo en el otro es del otro, y qué tanto es mío —una proyección, algo que yo deposito en esa persona—? Es el caso de muchas mujeres que llegan a terapia porque se sienten controladas todo el día por su marido, quien detenta el rol de padre castrador o impositivo. Desde su rol de víctimas, proyectan su poder desconocido en su marido, quien crece entonces en su psique bajo este aspecto, hasta asfixiarlas por completo y llevarlas al borde de una crisis. El hombre razonable y firme de carácter aparece entonces como un tirano. “No me deja ser libre”, exclama, desmoronada, la mujer, como si para ser libre debiera pedir permiso, cuando en realidad es ella misma la que debe hacerse cargo de su propia autocensura interna y su propio miedo a la libertad, reabsorbiendo finalmente el poder que ha proyectado sobre su esposo, para empezar a sentirse más capaz e independiente (citas para terapia consultar con adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamando al 2285545 / 0997330894).