Archivos Mensuales: mayo 2013

La integración de opuestos como superación de conflictos

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unión opuestosLa armonía de opuestos (coincidentia oppositorum) es uno de los misterios más significativos de la Psicoterapia. Cuando estamos en conflicto, poseemos dos partes (o “yoes”) que pugnan entre sí. Esta polaridad puede manifestarse en forma de un diálogo interno conocido por Perls como el diálogo “mandón” versus “mandado”. Es decir, caminamos por la vida diciéndonos cosas, reprendiéndonos y amonestándonos por lo que hacemos o no hacemos. Este crítico interno o juez, se ceba sobre otra parte de nuestro ser (el “mandado”), que se avergüenza y que promete a nuestro crítico interno hacerlo mejor, no volver a cometer un error; pero a la primera de turno vuelve a desobedecer al mandón, a evadir los mandatos del juez interno. “No debo ser tan vago… desde mañana empiezo a estudiar desde antes del desayuno y terminaré esta tesis”, se dice la persona, pero luego duerme más de la cuenta y cuando empieza a estudiar descubre que es sábado y que bien podría empezar desde el lunes… Este juego entre mandón y mandado, desarrollado internamente, es conocido por casi todos nosotros. La integración de opuestos puede ser una manera de fusionar a estos dos personajes, devolviendo a la persona su unicidad. Para ello se necesita un diálogo interno en el cual cada una de las partes escuche a la otra y deje fluir libremente sus sentimientos y creencias. Si analizamos la parte del “mandado”, en nuestro ejemplo, podríamos descubrir que la persona evade el trabajo a causa de una sensación abrumadora experimentada al imaginar la cantidad de trabajo que se viene encima, lo cual le impide discriminar el trabajo en pequeñas cantidades diarias, fácilmente asimilables. En otro caso podría ser que la persona simplemente ha elegido un tema de tesis que ya no le satisface, y todavía esté a tiempo de hacer una tesis más estimulante y más sencilla. Por eso, en el curso de la terapia, lo más importante es la indagación profunda de las sensaciones y creencias implícitas en cada lado, para aclarar las cosas, llegar al meollo de cada personaje, tanto del “mandón” como del “mandado”; así podremos entender qué mezcla de ambos es la óptima, qué cantidad de rigor y de flexibilidad son necesarias para que ambas partes se amisten y el proceso entre en marcha. En algunas personas el rol del crítico interno es a veces devastador, y se expresa con frases internas como “qué tonta soy”, “por qué me río con este tono de voz”, “nunca voy a llegar a ningún lado”, “los demás siempre lo hacen mejor que yo”, etc. En este caso, la función desvalorizadora del crítico interno impide a la persona autoaceptarse y empoderarse. Aquí suele haber una comparación implícita entre cómo actúo y cómo debería actuar, entre un yo real y un yo ideal. Esto puede llegar al límite patológico de no aceptar la forma de mi propio cuerpo, tal como algunas muchachas que dejan de comer hasta llegar a la anorexia. Aquí el espejo cumple una función extraña: en vez de verse la persona tal como es, se ve increíblemente gorda, por comparación a un ideal de belleza que no se amolda a su organismo. El crítico interno opera furiosamente, mediante la descalificación. Como convertirse en la mujer de la portada es imposible, se somete entonces a una dieta que la lleva al borde de la inanición. En otros casos, la función del crítico interno es más benévola, y no contiene auto-juicios despectivos, sino consejos: “tómatelo con calma”, “respira y no te alteres, que es tu jefe”; sin embargo, no siempre es bueno seguir a este crítico razonable en todas sus sugerencias, al menos no antes de profundizar en el otro lado, por ejemplo en el lado del enojo. ¿Es saludable reprimir la ira hacia un jefe por prudencia? (miedo a ser despedido). Si la reprimimos es posible que se acumule y termine brotando de manera violenta o descargándose sobre una tercera persona inocente. La conciliación de opuestos surgirá entonces cuando la ira y la prudencia se mezclen en partes iguales y la persona, por ejemplo, exprese su disconformidad de manera amable y lógica a su jefe, haciéndole saber lo que siente y lo que cree respecto al problema en cuestión. Esto trae a colación un aspecto sutil. Siempre hay algo que puede ser rescatado del crítico interno, por duro y despectivo que sea, pues desea nuestra seguridad, nuestro bienestar o el mejoramiento de nuestras vidas, aunque sea de maneras equivocadas. De igual manera, siempre hay algo positivo en la resistencia que ejercemos a nuestros buenos propósitos, algo profundamente emocional que debemos acoger y entender para superar la pelea —aparentemente irreconciliable— entre el crítico interno y el deseo o la necesidad reprimidos. Es por eso que el terapeuta juega a abogado del diablo en ocasiones, cuando se trata de apoyar al aspecto condenado de nuestra identidad y darle cabida en este diálogo reintegrador; pero debe hacer esto sin perder de vista la totalidad del sí mismo del paciente. (Para una sesión terapéutica, favor contactar por Facebook —Adolfo Macías terapeuta— o escribir a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com).