Archivos Mensuales: junio 2013

Una profunda vitrina llamada sueño

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MERCURIOUna mujer en crisis matrimonial sueña que está en una casa, en el cuarto de su hermana. En la pared cuelga un tablero con insectos ensartados por alfileres. Mientras ella habla con su hermana estos insectos empiezan a moverse. Se mueven y se caen del tablero. Uno de ello es un sapo: se mueve y se desprende, cae y se rompe como si fuese de porcelana, partiéndose en dos, por lo que se segmenta su parte inferior se queda sin glúteos y piernas. Luego está en la ducha. Una polilla amarilla se mete, se cae en la ducha y se moja, se va por el sumidero. Entonces se encuentra en otra habitación, donde su padre yace inconsciente con la cabeza apoyada en el regazo de su esposa (madre de la paciente). Le ha picado un insecto, no se sabe cual. Por eso se halla inconsciente e hinchado. Busca al insecto para saber la causa del envenenamiento y ayudar al padre, pero no lo halla. Entonces despierta.

Cuando trabajamos el sueño, ella se identifica con el sapo. Curiosamente, de joven, la apodaban de “brincona” (recordemos al sapo), por su actitud libre y aventurera. Durante la sesión dice que, al igual que el sapo de su sueño, ella se siente sujetada en un tablero y quiere salirse, no quiere estar sujeta a las normas: se aburre a veces del matrimonio. Al igual que el sapo, se agita y sacude sus piernas, tratando de huir y lo logra, pero cae, se rompe. Esto es lo que siente que ha pasado en su vida: tiene un esposo al que ama, pero se siente atrapada a veces en la cotidianidad. Se siente “dividida” entre dos formas de vida, la de soltera y la de casada, difícil de asumir por las demandas de la rutina. Cuando le pido que personifique al padre, al igual que éste en el sueño, la paciente afirma sentirse hinchada y envenenada. Palpo su vientre: está efectivamente hinchado, le duelen las vísceras (también afirma al final de la sesión haber sentido rechazo a la comida y ganas de vomitar, es decir, hallarse intoxicada, una forma de envenenamiento). Sólo quiere ya salir de este proceso, de este malestar y padecimiento en el que vive.

¿A dónde va este proceso? La parte final del sueño tiene la respuesta: Hay que buscar al insecto (la causa) que envenenó al padre para poder salir de la inconsciencia y despertar (volver en sí misma). Hasta ese momento, habíamos dejado de lado al alfiler, el alfiler que atravesaba al sapo. Ya se ha terminado la integración del sueño cuando la participante dice sentir “una punzada” en el cuello. ¡Casualmente, el sapo estaba sujeto al tablero por un alfiler que atravesaba su cuello! Ella no se da cuenta al inicio de esta relación, yo me paralizo de la emoción. Me indica con un dedo la sensación: una “punzada” que viene desde abajo entre el cuello y la quijada. Mi dedo se convierte en alfiler y presiono en el sitio exacto, su dolor es grande, se congestionan sus fosas nasales (liberación de energía mórbida o remanente tóxico) y empieza a llorar. Luego se siente mejor.

La causa del malestar, en el nivel fisiológico, es la separación cabeza – cuerpo, sintomatizada en el cuello. Una cosa es lo que piensa y otra lo que siente. Por un lado está la idea sobre ser libre y no pertenecer a nadie; por el otro, el amor a la pareja y el rechazo a vivir en la dualidad, huyendo de casa. En realidad, sus creencias sobre sí misma están desactualizadas. El compromiso de pareja y la vida hogareña ahora son importantes, y necesita aceptarlo para sentirse unificada, vivir lo nuevo y salir de la dualidad. Probablemente detrás de la creencia: “soy libre, no pertenezco a nadie”, exista un miedo no expresado a depender afectivamente y volverse vulnerable (pérdida de control sobre la experiencia), lo cual condiciona su actitud y le impulsa a evadir la entrega plena. Aceptar el compromiso y los lazos afectivos se vuelve necesario para salir de la dualidad. Esta integridad es su sanación (para pedir una cita, envía un mail a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o un mensaje al 0997330894, yo te devolveré la llamada).

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