Archivos Mensuales: octubre 2013

¿Sigo o me divorcio?

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ballet 3Muchas parejas entran en crisis cuando el enamoramiento inicial, la fase de seducción y aventura, ha pasado. Paradójicamente, al convivir, aquello que les atraía puede esfumarse ante sus ojos. El y ella ya no son “como eran al comienzo”. La rutina teje nuevas sensaciones, nuevos hábitos. La persona muestra aspectos de su personalidad antes ocultos, eclipsados por la mutua ensoñación de los amantes. Y es que al inicio de la relación no somos exactamente como somos cuando no estamos enamorados. El mecanismo que actúa durante el enamoramiento, llamado “dreaming up” por Arnold Midell, hace que actuemos de la manera en que el otro nos ve, nos identifiquemos con sus proyecciones fabulosas. Si ella me ve distinguido, me sentiré y actuaré como un hombre distinguido, o divertido, o lo que ella proyecte con fuerza sobre mí. De igual manera en sentido contrario, de mí hacia ella. Este mecanismo de ensoñación dura un tiempo y tiende a desaparecer, por razones biológicas, a partir del segundo o tercer año de relación, sobre todo si viven juntos. Entonces se inicia una segunda fase en la cual lo realista es tomar una nueva decisión: ¿Sigo adelante, o me divorcio? Mientras más dominante, sumisa o dependiente-afectiva la persona, más potente este mecanismo al inicio (y más fuerte la desilusión posterior). Mientras más centrada e individuada, tiene menos fuerza y deja ver, a través del velo proyectivo, a la otra persona tal como es.

Si no me gusta la persona “real” con la que estoy, si encuentro su carácter molesto y su conversación aburrida, si no tejemos juntos un sueño común que nos llena de entusiasmo, si no reímos y nos miramos a los ojos con alegría, agradeciendo su existencia, puede ser que nos hallamos equivocado. Si tenemos una individualidad bien forjada, tendremos la valentía de separarnos a tiempo y no hacernos daño. Si somos dependientes emocionalmente de esa persona y tememos la soledad, o admitir ante otros nuestro error (“no puedo dejarlo, si ha sido tan bueno conmigo”, me decía una señora), podemos seguir “intentando” una relación contra corriente.

Una buena relación puede ser buena por meses, años o toda la vida. No hay nada malo en aceptar su temporalidad, sino en pretender extenderla más allá de su vida natural. Las preguntas son: más allá del cariño y la atracción sexual, ¿lo que me gusta de la personalidad de mi pareja es mucho más que lo que me molesta? ¿Me permito ser yo mismo con ella, y ella se lo permite conmigo? ¿Es mi pareja ese tipo de persona que, si no tuviese relación conmigo, seguiría siendo entretenida e interesante como amigo? Si la respuesta a estas preguntas es negativa, pregúntate si lo mejor no es plantearse el divorcio o hacer terapia. Cierta ocasión escuché a un señor que decía: “Lo que me gusta de mi esposa es que no se niega cuando quiero hacer el amor, me hace el desayuno y se preocupa de si he tomado las pastillas, y siempre me sonríe. Lamentablemente está cambiando: hace meses se enoja, llora y está distante”. Lo que le gustaba de su esposa a este señor era que fuese su sirvienta. A ella, al parecer, no le atraía tanto este rol. Cuando hablamos de si el otro me gusta como ser humano, no nos referimos a si se amolda a nuestros deseos, sino a lo que esa persona es como individuo. Si esa persona con la que vivo es compatible y estimulante como compañero (siendo quien auténticamente es), entonces cabe preguntarse si los problemas que tenemos se deben a dificultades emocionales o “marcas” en la personalidad, provocadas por tristes experiencia del pasado. Muchas parejas de gran potencial y afinidad en lo esencial se separan por las inseguridades, miedos o vacíos personales de uno de sus miembros o de ambos. Si esto se supera en terapia, la pareja puede vivir un hermoso renacimiento. Para una cita escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llama al 0997330894 / 2285545 Quito Ecuador).