EL CAMBIO INTERNO PARA EL CAMBIO SOCIAL

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picture-17Un héroe es aquella persona que cambia el curso de los acontecimientos, también un villano. Interviene. A los albores del siglo XXI queremos intervenir, como población, en el destino catastrófico que nos endosa el sistema socio-económico en que vivimos. Izquierda y Derecha se han vuelto las dos manos del mismo productivismo a ultranza, que fundamenta su estrategia política en la reproducción de un mismo estado de humanidad, una misma forma de sentir y experimentar la vida basada en la ontofobia (fobia al sí mismo, fobia a nuestro núcleo vital).

Dos manifestaciones de nuestra ontofobia son el consumismo como ideal de vida, y el silencio que mantenemos respecto a la superpoblación mundial: nadie se plantea reducir la población mundial gradualmente, a pesar de que ninguna medida sanadora es viable sin este proceso de control demográfico: el sistema tiene horror a esto, el productivismo consumista se basa en el proceso de crecimiento de las masas sin el cual no es posible la expansión de los mercados y la acumulación del capital. Por otro lado, el consumismo basa su existencia en la insatisfacción humana. ¿Y de dónde viene esta insatisfacción, esta intranquilidad que contrae al organismo de una persona cuando trata de quedarse en silencio, en el aquí y el ahora, consigo mismo? Nos referimos a esa intranquilidad que experimentamos como un agujero en nuestro cuerpo, derivada en ansiedad de consumo… Proviene del temprano y progresivo rechazo hacia nuestro ser, a nuestros deseos y nuestra espontaneidad creativa, considerados como amenazantes para la educación familiar y el entorno cultural. Si no nos comportamos como se espera de nosotros (y nosotros mismo nos exigimos), caemos en angustia o nos sentimos mal. Dejamos de ser buenos ciudadanos. Hay que trabajar y producir, comprar y vender, procrear y sostener un ritmo de vida, ser decididos e ir hacia delante: auto, casa, medicina, ropa, educación, hipoteca. Los pobres son pobres porque no pueden acceder a esto. Entonces hablamos de movilidad social, de igualdad de oportunidades… ¡Y así pasamos de la pobreza material a la pobreza ontológica!

La terapia es revolucionaria en la medida en que las personas, si se entregan profundamente a la experiencia del autoconocimiento, pueden verse a sí mismas tal como son, entendiendo a cabalidad la forma en que construyen sus vidas desde la insatisfacción, el miedo y la carencia. Hace falta un enorme esfuerzo cultural y social para engañarnos masivamente respecto a lo que somos y ponernos en la carrera de la supervivencia. Es necesario desmontar esto. Es por eso que, como terapeuta humanista, no tengo otra opción que asumir, en materia política, el anarquismo humanista. El anarquismo humanista plantea la liberación del ser humano de sus propias vergüenzas, miedos y autocensuras, el pleno restablecimiento de su espontaneidad creativa y su rol demiúrgico en el mundo, en armonía con su naturaleza interna y externa. Un ser sin complejos y sin necesidades tiránicas que lo proyecten, fuera de su núcleo, hacia el no ser y la muerte que ahora reinan en la sociedad.

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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