Archivos Mensuales: septiembre 2014

Las barreras internas al cambio

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Una mujer está en crisis. Su trabajo, que originalmente le entusiasmaba, le causa ahora rechazo, porque siente que “sobretrabaja” y “no tiene vida”. Su madre la agobia con sus continuas quejas y su victimización, a los que no puede poner fin. Solo quiere paz, y tiempo libre para estar consigo misma, tener amigos, una vida acorde a su juventud. La creencia que la domina es: debo ser fuerte y velar por los demás. Su conducta abnegada hace que sus jefes carguen sobre ella cada vez más trabajo, de lo cual obtiene cierto tipo de autovaloración y reconocimiento. Cuando por fin se queja ante su jefe (rompiendo su molde de conducta, llora por el exceso de trabajo), este le dice que se organice y que salga todos los días puntualmente. Si le demuestra que no alcanza, le podrán otra persona de asistente. Ella entonces tiene su oportunidad. Está al borde de conseguir lo que necesita. ¡En vez de salir a las nueve de la noche (trabaja 11 horas diarias y está abrumada), podrá trabajar solo ocho horas! Pero apenas se plantea esta posibilidad, siente que no va a funcionar; que cuando las cosas no funcionen (y no van a funcionar), ella terminará haciendo lo que siempre hace: poner el hombro, trabajar once horas al día y “salvar el barco”.

Entonces recuerda a su padre, quien amaba a Cantinflas: “ese hombre bueno que está siempre para los demás, y que termina solo, sin nada”. No quiere esto, pero, al mismo tiempo, siente que no puede vencer esta tendencia o impulso de sacrificarse por los demás, y de convertirse en mártir. Esta situación ilustra de manera clara lo que en sicología del proceso se llaman “señales de borde”. Cuando una persona está a punto de cambiar su vida y acoger la parte de su personalidad que ha sido negada (en este caso el poder de cuidar de sí misma y darse el placer que necesita), surgen fuerzas internas que impiden a la persona seguir adelante. La persona experimenta pensamientos y sensaciones abrumadoras, que le hacen sentir que su tarea es imposible, ilusa o mala en algún sentido. En el caso de esta mujer, se siente derrotada y piensa que no va a conseguirlo: “Mi jefe no va a cumplir”, “es egoísta pensar en mi propio bienestar”, etc. Estas creencias y sensaciones le roban la fuerza desde dentro. Es probable también que a través de su actitud sobre esforzada haya conseguido valoración, dinero o compasión, y ahora se de cuenta de que, si deja de actuar como siempre, pone en riesgo estas cosas.

En ese punto es importante mostrarle a la persona que está avanzando por el camino correcto, pero que sus viejos hábitos hacen peligrar el proceso. Si la mujer acepta el reto, reduce su tiempo de trabajo y se va a vivir con una amiga, como tiene la oportunidad de hacer, empezará a disfrutar de esa vida juvenil que se ha prohibido vivir hasta sus treinta años. Sólo debe dar el paso y considerar a esos pensamientos y sensaciones deprimentes como los cantos de sirena que intentan disuadirla. Si da el paso, su personalidad cambiará y su autoimagen sufrirá una modificación más o menos profunda. Se concebirá como una persona auto-centrada, que sabe lo que quiere y pone límites a los abusos. Una persona que tiene el derecho a disfrutar de la vida y ser libre, aunque para eso deba renunciar a la total aceptación por parte de los demás. (Para pedir un cita contáctate con Verónica Ávila 099 498 1522 / Adolfo Macías 099 733 0894 o escribe a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com). Trabajamos en Quito, Ecuador.

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