Archivos Mensuales: marzo 2015

Bajo la presión de mis fantasmas

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Eros y TánatosEs algo que observo en mí y en otras personas recurrentemente: la tensión innecesaria, basada en fantasías sobre lo que debe ser, lo que está mal y lo que está bien. Por ejemplo, me tensiono por ir atrasado a una fiesta, sin que llegar a la fiesta a tiempo sea realmente importante. Me tensiono por lograr un mejor trabajo y destacarme sobre los demás, aun cuando las personas me respetan y yo necesito descansar. Son los a priori de la neurosis: tengo que ser el mejor, tengo que ser noble, tengo que ser amable, tengo que renunciar a mis deseos, tengo que lucirme, etc. Cada cual tiene un imperativo de estos, impidiendo el flujo natural de la experiencia. ¿Cuál es el tuyo? Durante mucho tiempo yo me aferré a la creación literaria como única fuente de significado. Tenía que escribir y punto. Este imperativo de artista es el que sostiene la experiencia ominosa de la “página en blanco”, es decir, el terror que sienten muchos escritores a la esterilidad creativa, la cual, por otro lado, es parte del ciclo creativo, del reciclamiento natural de la vida, para llegar a lo nuevo. Confiar en la vida y en el curso natural de las cosas, sin oponerse, es lo contrario de este obsesivo aferrarse del imperativo. Detrás del imperativo lo que hay generalmente es miedo al rechazo, al abandono o a la muerte. Un miedo de naturaleza fantástica, casi siempre. Un infantil creencia de que el mundo se acaba si yo no cumplo con determinada expectativa o deber ser, que experimentamos como externo e interno a la vez. Otra forma de que esto se presente es a manera de una ecuación: si A, entonces B… “Si no ayudo económicamente a mis padres, me convertiré en una mala persona”. “Si mi pareja ama a otra persona, yo me convertiré en un ser solo, sin vida”. “Si no me ascienden, es que no valgo”, etc. Ese tipo de amenazas imaginarias, en que se basa a veces una existencia, deben ser detectadas en terapia, para cambiarlas por creencias más ajustadas a la realidad (para una cita escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llama a los teléfonos: 2285545 / 0997330894, Quito).

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¿Me siento víctima de mi pareja?

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Picture 31Muchas personas, cuando tienen un conflicto con su pareja, se victimizan, acusando al otro de controlador, desconfiado, temperamental, inútil o lo que sea. La verdad sea dicha: siempre que hay un conflicto, la dos partes suelen considerarse a sí mismas víctimas del otro conviviente. Es el otro quien debe cambiar, es el otro el que no me comprende y se cierra a mis razones y mis justas demandas. Si la mujer, por ejemplo, cuida de los hijos (los lleva al doctor, les compra la ropa, soluciona sus peleas, va al colegio, etc.), reclamará a su pareja que no la apoye en esto y la deje sola, “con todo encima”. A su vez, el otro lado reclamará por el apoyo económico que da a la familia, haciéndole a su pareja recordar lo difícil y cansado de su trabajo. Para él, ella es una mujer celosa, controladora y mal humorada; para ella, él es un hombre indiferente y cómodo… ¡Las variantes de esto pueden ser muchas! En todo caso, uno de los primeros pasos para la resolución de un conflicto es expresar plenamente el malestar de cada lado, para luego ponerse del lado del otro y sensibilizarse a sus necesidades, sin anteponerlas a las propias pero sin hacerlas de menos.

Sin embargo, no todas las necesidades son equivalentes. Una persona celosa puede tener la necesidad de que su pareja esté en contacto con ella y bajo vigilancia continua, lo cual no es en esencia, una necesidad, sino un temor basado en la inseguridad personal respecto al propio valor o el propio atractivo personal. Por eso, en un conflicto de pareja se deben reconocer las insatisfacciones de ambas partes, para luego entender de dónde emerge dicha insatisfacción, y quién es responsable de ella. Responsabilizar al otro de mis propias carencias y vacíos es un camino que conduce directamente a la frustración. Si un hombre cree que las confrontaciones emocionales son peligrosas y violentas, es probable que evite discutir con su mujer y calle sus desacuerdos, sometiéndose a los criterios de ella. Ella se molestará con su desgano y lo verá como falta de apoyo e iniciativa, lo cual dará origen a críticas reiteradas que el otro experimentará como injustas. Después de todo, ¿no está llevando una vida indeseable por ella? Y sin embargo, la agresividad de su mujer, que en principio imagina injusta, estará basada, al menos en parte, en su incapacidad de aceptar sus propios deseos como valiosos, en su incapacidad de ser sí mismo.

Es por eso que un diálogo para resolución de conflictos no solo es un diálogo entre ambas personas, sino de cada uno consigo mismo, para hacerse consciente de sus reacciones emocionales y su manera de actuar en el matrimonio. En esencia, si yo me hago consciente de mi propio ser, tomaré responsabilidad de mis propios actos y me expresaré de mejor manera con mi pareja. Dejaré, en suma, de victimizarme. Por eso, en la psicoterapia transformacional, apoyamos a las personas para que se hagan cargo de sus propias vidas y desarrollen su capacidad de confrontar los problemas valerosamente, pero con respeto, sensibilizándose por igual a las propias necesidades y las de su pareja (para una cita escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llama a los teléfonos: 2285545, 0997330894, Quito).

El amor tóxico y los hijos

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Niña girandoVeo una película. Es un drama de adolescentes del cine norteamericano. Uno de ellos (introvertido, tímido), le pregunta a su profesor: “¿Porqué la gente linda se mete con personas limitadas o dañinas?” El profesor le responde: “A veces las personas aceptan el amor que creen merecer”. Me pareció brillante. Cuando crecemos en un ambiente tóxico, de desvalorización, maltrato o inseguridad (nuestros padres no se aman, o se hacen daño, nuestra madre o padre es una víctima que descarga su amargura en sus hijos, etc.), interiorizamos una creencia negativa respecto al mundo y lo que podemos esperar de él. Podemos reaccionar recogiéndonos dolorosamente en nosotros mismos, o volviéndonos personas que anhelan el amor y se tornan sumisas (o excesivamente dadivosas) para conseguirlo. Podemos imponernos o someternos. Podemos reaccionar con ira y resentimiento, descubriendo la satisfacción de ser más fuertes o amenazantes que los otros, o podemos esforzarnos y auto-explotarnos para ser reconocidos y valorados. No importa la estrategia, donde dos padres no se aman alegremente, se abre un hueco bajo los pies del hijo. Es el nacimiento de la coraza caracterológica, de la bioestrategia. Si nuestros hijos nos preocupan de veras, debemos primero preocuparnos por ser personas seguras, generosas con nosotros mismos, conscientes de nuestro valor y de nuestras reales posibilidades. Si tu hijo pequeño está mal, anda tú al terapeuta, que él sanará cuando tú sanes. La verdad es que necesitamos contar primero con nosotros mismos, para poder contar con el apoyo de los otros sin caer en la dependencia o el abuso. Estar satisfechos de ser quienes somos. Cuando tratamos de llenar con otra persona nuestro agujero existencial, nuestra carencia de sentido y de valor, pasamos una luna de miel embriagante (al fin alguien me ama como yo soñaba), seguida de una decepción y una frustración inmensas (no ha sido lo que yo esperaba). Quien no se tiene a sí mismo, no tiene a nadie (para citas escribir a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos 2285545 / 0997330894, Quito).