Archivos Mensuales: abril 2015

El héroe solitario

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CansancioUna mujer se siente abrumada por su trabajo. Como apenas tiene dos días para realizar la presentación de un proyecto, pide socorro a un colega, quien le promete ayuda después de terminar algunos asuntos pendientes. Ella sigue a la expectativa de este apoyo, pero él se atrasa y le falla; al día siguiente, a última hora, le da una mano, pero todo sale mal: la presentación (tal como ella lo siente) es un desastre. Lo curioso es que la mujer no estalla de ira contra su colega incumplido, sino que se ataca a sí misma: “Fui tan ingenua como para confiar en alguien externo”. “Alguien externo” en su lenguaje es cualquier persona que no sea ella. La creencia implícita en su queja es la siguiente: “Si pido ayuda me expongo a que me defrauden y eso es tan doloroso que no debo permitirlo, debo hacerlo todo por mí misma, no debo confiar en las personas”. Posteriormente queda claro que ella nunca suele cometer este “error” (confiar en las personas), pues ya aprendió esa lección hace mucho tiempo y aprendió a hacer las cosas por sí misma, y hacerlas bien. La tentación de apoyarse en alguien reaparece de vez en cuando y le hace recordar esa amarga lección. Como resultado, se ha vuelto una persona tenaz, que lucha a solas contra la adversidad, aunque a veces siente que se desmorona, pues está divorciada y debe jalar con su trabajo y el cuidado de su hija sin ningún apoyo salvo el que le brinda ocasionalmente su madre. También resulta llamativo que se ponga desafíos difíciles. En vez de facilitarse a sí misma las cosas, se impone normalmente metas para las cuales se siente medianamente capacitada, auto-exigiéndose la perfección, con lo cual se somete a un estrés continuo. La posibilidad de ser amable consigo misma y pedir ayuda de manera adecuada, de no auto-exigirse en exceso y disfrutar un poco más de su vida sería su salvación… ¡pero ni siquiera sabe que algo así es posible! En su mundo, ella es un héroe solitario, que debe cargar sin ayuda una pesada cruz y necesita ser fuerte para lograrlo… (para una cita escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.comveronicaavilasuarez@yahoo.com o llamar al 2285545, Quito / o escribir un mensaje, dejando por escrito tu número telefónico, al 0997330894, te devolveremos la llamada. Terapeutas: Adolfo Macías y Verónica Ávila).

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Cuando tus padres dependen de ti…

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VejezMuchas personas sienten que su padre o su madre adoptan un rol dependiente con el paso del tiempo, como si dijeran a un hijo o hija: no puedes abandonarme, necesito de ti. Durante mucho tiempo, en ciertos casos, la madre postergó su propia realización para centrarse en el cuidado de sus hijos y ahora no tienen otro sentido de vida que saber cómo están ellos, y poder participar de sus vidas, obteniendo así el afecto que necesita. La sensación de envejecer en soledad (si se ha divorciado o enviudado), puede aumentar esta demanda, la cual choca con las defensas del hijo, quien guarda a veces resentimiento por cosas del pasado. Dejar a su madre fuera de su vida se vuelve un deseo que experimenta como un imposible, puesto que genera culpabilidad. Sencillamente la moral social dicta que esto “no se hace”. El hijo abrumado, que en ciertas ocasiones posee una personalidad paciente y bondadosa (tiene dificultad para poner límites), experimenta entonces a su madre como una carga con la que debe vivir. Hace lo que se le pide, pero de mala gana. Le gustaría que ella sepa batirse sola y hacerse cargo de sí misma, pero teme que sea demasiado tarde. Las llamadas telefónicas y las visitas, los encargos y los gastos médicos, empiezan a aumentar. En ciertos casos la madre (o padre según el caso) viene a vivir con la familia del hijo y esto genera problemas con la pareja. ¿Qué hacer? Por un lado, es cierto que la madre no tiene recursos, no tiene manera de cuidar eficientemente de sí misma, pues nunca desarrolló capacidades de auto apoyo ni tiene el dinero suficiente. Esto la vuelve temerosa de su porvenir. Por otro, es cierto que el hijo merece vivir con su familia y sentirse en libertad. Poner la distancia justa, y dar el apoyo que se puede dar, supone que el hijo resuelva internamente sus pendientes emocionales con la madre y pueda relacionarse con ella con serenidad (para una cita terapéutica escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos: 2285545 / 0997330894 Quito).

¿Autoexigente o simplemente neurótico?

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bateristaPodríamos distinguir la auto exigencia legítima como el esfuerzo que una persona hace para alcanzar una meta anhelada, y como realización de su potencial humano. Un estudiante que tiene gran talento para el dibujo anatómico y se demora hasta la madrugada en un dibujo, excediendo las expectativas de su profesor, con el objetivo de realizar un trabajo del que pueda sentirse orgulloso, trabaja sin duda más de la cuenta. Es autoexigente, pero no se ha torturado para conseguir lo que deseaba: se esfuerza en alas del entusiasmo, con una finalidad que lo estimula. Su organismo, su deseo, está comprometido. Esta es una auto exigencia sana. Por otro lado está la auto exigencia neurótica, que podríamos llamar auto sometimiento o auto tortura; actividad que aflige a un individuo y, por desgracia, a quienes lo rodean. Si vives bajo el mandato —muchas veces inconsciente— de esforzarte para ser valorado (tienes que hacer algo importante o tu vida no tiene valor), o te empujas a ti mismo con dureza para lograrlo; si eres rudo contigo mismo y te acostumbras a serlo con los demás, detestando que se relajen, probablemente no eres autoexigente, sino simplemente neurótico.

La neurosis del trabajólico se distingue por la dificultad que tiene para relajarse y abandonar las obligaciones para tomar un descanso. Siente que debe lograr lo que se propone para poder respetarse a sí mismo. Tiene un miedo agigantado hacia la posibilidad del fracaso. Las delicias de hacer algo por el gusto que esto produce han desaparecido casi por completo: se trata de ganar, de conseguir un objetivo por sobre todas las cosas. Una obsesión que consume su energía y le impide fluir con los demás, estar presente en su hogar, estar abierto al placer y al tiempo perdido. En terapia he viso a algunos hombres y mujeres quejarse de que a su pareja “le falta empuje”. En muchos casos, son ellos los que no saben cómo relajarse, disfrutar del momento y dejar de exigir a su pareja que se amolde a sus expectativas. Tener un puesto laboral alto, casa, accesorios electrónicos, auto, vacaciones y universidades prestigiosas para sus hijos, ropa y trabajos bien remunerados, son la medida de que está haciéndolo bien. Su sueño no es suyo: es simplemente alienación a moldes establecidos y miedo al vacío, al encuentro con su propia esencia. Lo que “hay que hacer” supera con creces a lo que le hace feliz. Naturalmente, esto afecta a la relación y trae inevitablemente problemas, si el otro no comparte las mismas estrategias de apariencia. Pero aún en estos casos no tarda en llegar la crisis. Las confrontaciones y peleas recurrentes se vuelven insuperables.

Es por esto que en terapia apoyamos a las personas para que recuperen su sentido de vida y su orientación organísmica, superando creencias dolorosas sobre la necesidad de “triunfar” para sentirse importantes o valorados, inculcadas muchas veces por los padres, y que pueden ser sustituidas por la auto aceptación y el placer de vivir (para solicitar una sesión escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos: 0997330894 / 02 – 2285545, Quito)