Archivos Mensuales: mayo 2015

El resentimiento

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AmarradoEl resentimiento es una experiencia universal. Todos lo hemos sentido en uno u otro momento. Humano, demasiado humano, y sin embargo, el desarrollo personal pasa por encararlo, darnos cuenta de sus fuentes secretas para poder superarlo. Una cosa es sentir resentimiento ocasional ante un agravio por parte de una persona de la que esperábamos un comportamiento generoso, por ejemplo, y no indiferente o egoísta —la ruptura dolorosa, pero transitoria, de una expectativa—. Otra cosa es vivir desde el resentimiento, que el resentimiento sea un sentimiento crónico ante una persona o una situación permanentes: creer que el mundo me debe algo. Hace poco un amigo, actor de teatro, reclamó a las personas que hacían fila para entrar al cine que no fueran al teatro. Trataba a todas luces de avergonzarnos por este motivo. Estaba resentido de que todas esas personas gasten su dinero en ir a ver una película extranjera en vez de gastarla en ir a ver su obra. Un resentimiento crónico, porque día a día va a vivir en el mismo país, ante la misma indiferencia más o menos generalizada hacia el teatro. Resentimiento crónico, también, el del hijo que cree no haber recibido de su padres la misma educación, por ejemplo, que le dieron a su hermano. Al primero lo enviaron a una universidad privada, él no tuvo otra opción que ir a la universidad pública. Sentirse resentido implica la creencia correspondiente a merecer lo que no se recibe, y un odio persistente hacia las personas de las que se espera algo. Sin la expectativa de que otro haga por mí lo que yo imagino no poder hacer por mí mismo, no hay posibilidad alguna para el resentimiento. Es por eso que las personas resentidas no desarrollan auténtica autonomía ni aceptan al otro tal y como es, pues anteponen un ideal de ser a la realidad. Mi marido debería decirme que me quiere, mi jefe debería reconocer mi esfuerzo, la sociedad debería acudir a mi obra de teatro… Es triste aceptarlo, pero si tu padre no quiere sacrificarse para pagarte una mejor universidad, no hay nada que hacer. Lo aceptas y sigues adelante, o te endeudas con el Estado para pagarte la universidad que quieres. Resuelves tus asuntos por tus propios medios. Esperar que otros hagan por ti lo que no quieren o no pueden hacer es fuente inagotable de resentimiento y una gran pérdida de tiempo. Conlleva una percepción disminuida de sí mismo, una actitud de victimización interminable que impide crecer, moverse, desarrollar el potencial interior para el cambio. Muchas veces podemos modificar la realidad para cumplir con nuestros objetivos. Cuando esto es imposible, podemos cambiar nuestros objetivos por otros que sean viables. Nos adaptamos. Eso es todo. Por eso en terapia, apoyamos a las personas para que enfrenten sus resentimientos y acepten la realidad, movilizando sus propios recursos para la satisfacción de sus necesidades o el desarrollo de su potencial interior, liberando a los otros de nuestras exigencias infantiles de apoyo y reconocimiento (Para consulta, escribir a veronicaavilasuarez@yahoo.com o a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o marcar los teléfonos: 2285545 / 0997330894, Quito).

El hombre educado

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HombresElla hace “una escena”. Se pone intensa. Tú tratas de llevar las cosas con calma, de reducir la dosis de emocionalidad de tu pareja, sin conseguirlo. Es difícil, porque ella necesita explotar (gritar, llorar, frustrarse y reclamar cariño), y luego se deprime, quiere un abrazo que no quieres darle en ese momento pues estás irritado. Es como si necesitara de ti algo que no puedes darle: sensibilidad sin trabas, “sentimentalismo”; pero tú insistes en ver las cosas con calma, en analizar y proponer soluciones a los problemas que ella plantea. A propósito de esto, una comediante argentina decía: “Hombres, cuando su mujer trae un problema, no quiere una solución: quiere el problema.” Lo que sucede es que muchos hombres necesitamos protegernos de nuestras reacciones emocionales, a las que sentimos como amenazantes para la integridad del ego. La pareja entonces presiona con sus arrebatos emocionales y nos dividimos. Por un lado, tratamos de racionalizar las cosas y argumentar, mientras por dentro sentimos que vamos a “perder la cabeza”. Detrás de esto (bajo de la cabeza) las vísceras y el corazón, la vida emocional, permanece comprimida. Así como la mujer tiene dificultades para controlarse, nosotros tenemos dificultades para mostrar nuestros sutiles sentimientos y ser emocionalmente auténticos. Como resultado, nuestra rigidez causa en ella esa sensación de “distanciamiento” que tanto les molesta y que nosotros no podemos entender. Simplemente ella tiene mayor capacidad y necesidad de contacto. Por nuestro lado, el deseo de apaciguar y hacer las cosas manejables es una forma de asegurar nuestra estabilidad, pero con ello pagamos un enorme costo: alienar de nuestra identidad una buena parte de sensibilidad. ¿Por qué esto es así? Por educación. Por los procesos de crecimiento y los modelos aprendidos de masculinidad. Por eso en terapia, apoyamos a los hombres a procesar su personalidad y entrar en contacto con ese lado escondido, para aprender a fluir sin trabas en el contacto y confiar en nuestra expresión emocional. Curiosamente, cuando esto sucede, la mujer se regula, se vuelve más razonable y más serena… (Para pedir una cita terapéutica, escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o a veronicaavilasuarez@yahoo.com o llamar al teléfono: 2285545, Quito).