Archivos Mensuales: agosto 2015

La envidia

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523976_449402878413393_1655432023_nNietzsche entendió la generosidad como el acto de dar a los otros o hacerlos partícipes de aquello que poseemos en abundancia. Frente a esta visión, la práctica de sacrificarse por los demás, es decir, de auto-postergarse —y victimizarse— para que el otro tenga algo a partir de mis privaciones, comporta una visión disminuida del ser humano y da origen al resentimiento. Cuando una persona se priva a sí misma para dar a otro (se priva en el sentido de renunciar a sí misma), espera siempre (aunque no lo diga) un reconocimiento de parte del otro. Como se dice comúnmente: “aunque sea las gracias”. Eso resulta muy diferente de dar con gusto, y disfrutar con la felicidad que el otro experimenta con nuestro regalo. Para esto hace falta una persona satisfecha de sí, que ha realizado de buena manera el arquetipo humano que le es propio para esa época de su vida. Entonces la generosidad se vuelve algo natural, no una “virtud moral”, sino esa necesidad de dar al otro aquello que me está presionando desde dentro, como una pulsión ocasionada por el excedente de energía acumulada. En esta “psicodinámica” de la energía, la generosidad se opone a la envidia de manera nítida. Mientras la generosidad es el disfrute de entregar aquello que poseo en abundancia, la envidia es el sentimiento que despierta la satisfacción del otro (su plenitud), como reflejo de mi propia insatisfacción e incompletud. Por esto, sugiero a todas las personas que leen esta nota, observar sus envidias. La envidia es un sentimiento revelador: permite entender aquello que nos está faltando, entender nuestros propios pendientes de manera honesta, sobrepasando para esto nuestro ideal del yo. Puede que yo hable de servir a los demás desinteresadamente, pero si siento envidia de una persona exitosa y alabada quiere decir que mi ideal de “desinterés” no es auténtico y “en el fondo” lo que estoy buscando es el reconocimiento. Toda envidia desnuda al ego, hace patente un aspecto vergonzante de nuestra identidad y es un indicio importante para el sinceramiento más profundo. La pregunta entonces es: ¿Soy capaz de aceptarme a mí mismo tal y como soy, sin sancionarme? (para una cita terapéutica llama al 228545 o al 0997330894, o escribe a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com). Quito-Ecuador.

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La procrastinación

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ProcrastinaciónProcrastinación es una rara palabra, pero se está poniendo de moda. Muchas personas tienen una tarea por delante con la que deben cumplir porque la han elegido. Tú has decidido ser periodista y tienes un editorial que escribir. Te quedan tres días para hacerlo, así que te pones frente al computador y tratas de empezar, pero primero miras tu correo electrónico, respondes algunos mensajes y luego te distraes con un video, hasta que te olvidas por completo del motivo por el cual encendiste ese computador. Esta es la procrastinación: vas dejando para mañana lo que podías hacer hoy. El malestar se acrecienta cuando esa tarea con la que deseamos cumplir es autoimpuesta y no hay una fecha de entrega, cuando se trata de escribir esa novela o proyecto que te sacará finalmente de la rutina. Sí: eso que realmente te gusta, pero que, una vez abordado, deja de ser tan fascinante como se suponía. Porque todo es trabajo. Detrás de la procrastinación hay un cierto desengaño, una cierta desilusión ante la vida, un aburrimiento solapado y venenoso del cual se puede huir con distracciones, juegos mentales o (para mayor gloria de la mente), pornografía. No es raro que la pornografía sea la respuesta al tedio en algunas personas, una manera efectiva de procrastinar. La idea es descansar, abandonar todo esfuerzo por un rato, con el propósito de volver a la tarea “renovado”. Pero el procrastinador sabe que eso no es cierto o rara vez se consigue, porque apenas se siente, el entusiasmo se diluye en poco tiempo y vuelven la pesadez, la desconexión, el aburrimiento. Entonces viene la pregunta: ¿Qué trata de decirnos el síntoma? Cuando siento aburrimiento, ¿qué está diciendo ese aburrimiento? Según la Sicología Experiencial, los síntomas (y el aburrimiento es uno de ellos), tienen base organísmica y quieren decirnos algo. Acoger su energía y seguirla, dejarse llevar por ella y encontrar a dónde nos lleva es una manera de “leer el mensaje”. Es decir, acoger ese rechazo al trabajo y darle un sentido preciso, encontrar lo que hace de ese trabajo un placer o un logro inauténtico. Detrás de la procrastinación existe a mi manera de ver un comentario organísmico, una crítica a la naturaleza exacta de nuestro propósito, una contradicción entre las obsesiones o metas de nuestro ego mental y nuestra verdaderas necesidades de desarrollo. Por eso, cuando hay procrastinación, la pregunta es: ¿Qué de lo que pretendo hacer es autoimpuesto e inauténtico? ¿Dónde perdí el contacto con mi ser más interior? ¿Mis planes son realmente míos, o son interiorizaciones de mi ego mental, funcionales a mi autoimagen, más que a mi ser natural? Tratar a la procrastinación como una enfermedad es probablemente una idiotez, porque es un síntoma y, como tal, una advertencia de nuestra sabiduría organísmica sobre el rumbo que está tomando nuestra vida (para pedir una cita terapéutica, deja tu mensaje escrito al 0997330894 y te devolveré la llamada, o escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com).

El hijo rebelde

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6Hay una pugna constante entre padres e hijos, muchas veces relacionada al control y la libertad. Se piensa que el hijo no puede hacer “lo que le de la gana”, pero todos aspiramos a vivir como nos da la gana, ¿no es cierto? Claro, hay limitaciones. ¿Se trata entonces de que nuestros hijos entiendan los límites que el mundo social y económico imponen a su libertad? No dar permisos, impedir que salga o que se vea con alguien, suelen ser las maneras más comunes, cortar el internet, obligarlo a estudiar con un horario, etc. Mientras tanto, el rechazo por parte del adolescente a esta actitud controladora se intensifica (crece el resentimiento, crece el enojo) y amenaza con dañar la relación afectiva entre ambas partes… Un buen día nuestro hijo no responde a nuestra orden o nos cierra la puerta en la cara. Hay casos en los que responde agresivamente y en ciertos hogares llegan a producirse discusiones, escenas violentas. El padre entra, desconecta el enchufe del equipo de sonido, el hijo (que sigue en la cama sin hacer nada a las doce del día) se levanta y lo empuja, la madre y la hermana gritan, alteradas. El chico se ha convertido en la “oveja negra” de la familia, aquel que “produce sufrimiento” en sus familiares… ¿Qué hacer entonces? La clave puede ser la responsabilidad del hijo para consigo mismo, de manera que su libertad sea algo por lo que debe trabajar cuando esta es más preciada que el cumplimiento de los roles tradicionales. En principio, un hijo puede optar por no estudiar y elegir su propio destino de manera consciente, siempre y cuando tome responsabilidad de ello y encuentre una manera de tener su propio dinero. Aunque esto asuste a los padres, quienes desean que el hijo tenga una profesión, es una actitud de relativa madurez y autosuficiencia. Sin embargo, detrás del rechazo a las normas paternas suelen haber otras cosas: rigidez o sobreprotección de parte de los padres, resentimiento por viejos procesos de abandono o desvalorización, incapacidad para perdonar, dificultad para el diálogo. Muchas veces, al hijo no le gusta su casa porque su padre y su madre pelean o no disfrutan realmente de la vida, ni saben cómo relajarse. Cada uno ve al otro como una amenaza para la integridad de su personalidad, y proyecta en el otro más de la cuenta. El que se siente impotente ve al otro como excesivamente poderoso, el que se siente fuerte, ve al otro como excesivamente débil, etc. Entonces, es necesario plantearse la posibilidad de un diálogo honesto, basado en el conocimiento que cada parte pueda alcanzar de sí misma. Es por esto que la terapia insiste en ayudar individualmente a cada parte a estudiar los mecanismos menos conscientes de su personalidad. Al entenderse a sí misma tal y como es, cada persona podrá ser honesta con los demás. Y una vez que cada uno pueda ponerse por un momento en el lugar del otro, surgirán nuevas posibilidades para el trato (para una sesión terapéutica, deja un mensaje al 0997330894 / o escribe al mail: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com). Quito-Ecuador.