El hijo rebelde

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6Hay una pugna constante entre padres e hijos, muchas veces relacionada al control y la libertad. Se piensa que el hijo no puede hacer “lo que le de la gana”, pero todos aspiramos a vivir como nos da la gana, ¿no es cierto? Claro, hay limitaciones. ¿Se trata entonces de que nuestros hijos entiendan los límites que el mundo social y económico imponen a su libertad? No dar permisos, impedir que salga o que se vea con alguien, suelen ser las maneras más comunes, cortar el internet, obligarlo a estudiar con un horario, etc. Mientras tanto, el rechazo por parte del adolescente a esta actitud controladora se intensifica (crece el resentimiento, crece el enojo) y amenaza con dañar la relación afectiva entre ambas partes… Un buen día nuestro hijo no responde a nuestra orden o nos cierra la puerta en la cara. Hay casos en los que responde agresivamente y en ciertos hogares llegan a producirse discusiones, escenas violentas. El padre entra, desconecta el enchufe del equipo de sonido, el hijo (que sigue en la cama sin hacer nada a las doce del día) se levanta y lo empuja, la madre y la hermana gritan, alteradas. El chico se ha convertido en la “oveja negra” de la familia, aquel que “produce sufrimiento” en sus familiares… ¿Qué hacer entonces? La clave puede ser la responsabilidad del hijo para consigo mismo, de manera que su libertad sea algo por lo que debe trabajar cuando esta es más preciada que el cumplimiento de los roles tradicionales. En principio, un hijo puede optar por no estudiar y elegir su propio destino de manera consciente, siempre y cuando tome responsabilidad de ello y encuentre una manera de tener su propio dinero. Aunque esto asuste a los padres, quienes desean que el hijo tenga una profesión, es una actitud de relativa madurez y autosuficiencia. Sin embargo, detrás del rechazo a las normas paternas suelen haber otras cosas: rigidez o sobreprotección de parte de los padres, resentimiento por viejos procesos de abandono o desvalorización, incapacidad para perdonar, dificultad para el diálogo. Muchas veces, al hijo no le gusta su casa porque su padre y su madre pelean o no disfrutan realmente de la vida, ni saben cómo relajarse. Cada uno ve al otro como una amenaza para la integridad de su personalidad, y proyecta en el otro más de la cuenta. El que se siente impotente ve al otro como excesivamente poderoso, el que se siente fuerte, ve al otro como excesivamente débil, etc. Entonces, es necesario plantearse la posibilidad de un diálogo honesto, basado en el conocimiento que cada parte pueda alcanzar de sí misma. Es por esto que la terapia insiste en ayudar individualmente a cada parte a estudiar los mecanismos menos conscientes de su personalidad. Al entenderse a sí misma tal y como es, cada persona podrá ser honesta con los demás. Y una vez que cada uno pueda ponerse por un momento en el lugar del otro, surgirán nuevas posibilidades para el trato (para una sesión terapéutica, deja un mensaje al 0997330894 / o escribe al mail: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com). Quito-Ecuador.

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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