La procrastinación

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ProcrastinaciónProcrastinación es una rara palabra, pero se está poniendo de moda. Muchas personas tienen una tarea por delante con la que deben cumplir porque la han elegido. Tú has decidido ser periodista y tienes un editorial que escribir. Te quedan tres días para hacerlo, así que te pones frente al computador y tratas de empezar, pero primero miras tu correo electrónico, respondes algunos mensajes y luego te distraes con un video, hasta que te olvidas por completo del motivo por el cual encendiste ese computador. Esta es la procrastinación: vas dejando para mañana lo que podías hacer hoy. El malestar se acrecienta cuando esa tarea con la que deseamos cumplir es autoimpuesta y no hay una fecha de entrega, cuando se trata de escribir esa novela o proyecto que te sacará finalmente de la rutina. Sí: eso que realmente te gusta, pero que, una vez abordado, deja de ser tan fascinante como se suponía. Porque todo es trabajo. Detrás de la procrastinación hay un cierto desengaño, una cierta desilusión ante la vida, un aburrimiento solapado y venenoso del cual se puede huir con distracciones, juegos mentales o (para mayor gloria de la mente), pornografía. No es raro que la pornografía sea la respuesta al tedio en algunas personas, una manera efectiva de procrastinar. La idea es descansar, abandonar todo esfuerzo por un rato, con el propósito de volver a la tarea “renovado”. Pero el procrastinador sabe que eso no es cierto o rara vez se consigue, porque apenas se siente, el entusiasmo se diluye en poco tiempo y vuelven la pesadez, la desconexión, el aburrimiento. Entonces viene la pregunta: ¿Qué trata de decirnos el síntoma? Cuando siento aburrimiento, ¿qué está diciendo ese aburrimiento? Según la Sicología Experiencial, los síntomas (y el aburrimiento es uno de ellos), tienen base organísmica y quieren decirnos algo. Acoger su energía y seguirla, dejarse llevar por ella y encontrar a dónde nos lleva es una manera de “leer el mensaje”. Es decir, acoger ese rechazo al trabajo y darle un sentido preciso, encontrar lo que hace de ese trabajo un placer o un logro inauténtico. Detrás de la procrastinación existe a mi manera de ver un comentario organísmico, una crítica a la naturaleza exacta de nuestro propósito, una contradicción entre las obsesiones o metas de nuestro ego mental y nuestra verdaderas necesidades de desarrollo. Por eso, cuando hay procrastinación, la pregunta es: ¿Qué de lo que pretendo hacer es autoimpuesto e inauténtico? ¿Dónde perdí el contacto con mi ser más interior? ¿Mis planes son realmente míos, o son interiorizaciones de mi ego mental, funcionales a mi autoimagen, más que a mi ser natural? Tratar a la procrastinación como una enfermedad es probablemente una idiotez, porque es un síntoma y, como tal, una advertencia de nuestra sabiduría organísmica sobre el rumbo que está tomando nuestra vida (para pedir una cita terapéutica, deja tu mensaje escrito al 0997330894 y te devolveré la llamada, o escribe a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com).

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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