Autoaceptación para el cambio

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niña con serpiente

“Quiero dejar de enojarme tanto, y lo consigo a medias. Me trato de calmar y ser más amable, pero no puedo controlarlo por mucho tiempo”, dice una señora en terapia. Desde chica, esta mujer ha luchado con el rechazo. Aprendió a salir adelante con poca ayuda, a ser fuerte, a no dejarse vencer por las contrariedades; pero al mismo tiempo, esta estrategia de carácter la ha vuelto dura, perfeccionista. Esto, que ha sido positivo en términos de disciplina y logros profesionales, se vuelve en su contra en las relaciones afectivas, en las que tiende a ser censuradora con las personas que ama. Los conflictos personales la sobrepasan, se reprocha por ser como es y anhela ser, por ejemplo, “más suave” con su hija. A este propósito se opone la irritación que le causa la niña cuando dramatiza sus sentimientos y se muestra derrotada y débil. “¡Deja de ser quejona y justificarte!”, grita la madre, a lo cual su hija reacciona con resentimiento. “Lo que pasa es que tú no me quieres”, responde. La madre quiere dejar de reaccionar con dureza, pero no puede evitarlo. La reacción está más allá de su control, y sólo puede, a lo máximo, retenerla por un tiempo, antes de volver a explotar.

Esto plantea la siguiente pregunta: ¿Es posible el cambio? Muchas personas consideran que no. Frases populares como “genio y figura, hasta la sepultura”, parecerían apoyar este criterio. Pero el cambio, con todo, sucede. La demostración de esto la proporcionan aquellas personas que realizan procesos exitosos y dejan de sentirse de la misma manera que antes. Este cambio, sin embargo, no procede de la lucha contra un estado determinado o tendencia, sino como la capacidad que tiene una persona para identificarse con sus propias necesidades, impulsos o sentimientos ignorados. En vez de “tratar de ser dulce” con su hija (cosa que, en definitiva, no puede controlar), esta mujer necesita darse cuenta del proceso doloroso de conformación de su carácter, como reacción al maltrato recibido en la infancia, y dejar salir sus sentimientos de dolor y queja reprimidos, aceptarse como una persona que se entristece ocasionalmente, se siente insegura o necesita apoyo. Aceptar su propia vulnerabilidad es la única forma de aceptar la vulnerabilidad de su hija y dejar de sentirse irritada por ella. Sencillamente, si no se permite fluir con sus sentimientos de desaliento y tristeza cuando se presentan, expresándolos como algo natural, no podrá conseguir relacionarse con su hija empáticamente.

Este cambio trae aparejado un miedo: “Me voy a convertir en un ser lamentable y derrotado”. Esta visión blanco/negro de su mundo interno (o soy completamente fuerte o soy completamente débil), no la deja responder a sus necesidades de relajamiento y abandono sentimental, causándole una diversidad de síntomas, entre los cuales se hallan el estrés y la irritabilidad. Por otra parte, para poder integrar el lado sensible y más vulnerable de su naturaleza (que en definitiva, lo tenemos todos los seres humanos), la madre enfrentará creencias irracionales, convicciones instaladas en el inconsciente adaptativo, como: “si me muestro débil, las personas van a abusar de mí”, y otras, propias de su coraza caracterológica. La autoaceptación es por lo tanto un auto-desafío que pone en crisis nuestra idea de quien somos y quienes son las personas que nos rodean (para una cita terapéutica, escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos 0997330894 / 2285545, Quito-Ecuador)

 

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Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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  1. Querido Adolfo: van tres veces que me envías al correo esta interesante entrada de tu blog…  Lucre ¿qué cosa es un escritor sin sus obsesiones? (Leonardo Padura)lucrecia maldonadopana norte Km7,5 Urbanización Jardines de Carcelén calle Arupo A38593 99 098146422

    • Hola Lucre. Lo que pasa es que el Facebook no me aprobaba la fotografíapor aquello de imágenes explícitas del cuerpo, tamaño no adecuado de la foto, etc. Y tuve que volver a hacerlo tres veces. Te mando un abrazo.

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