Archivos Mensuales: octubre 2016

Amor, miedo y defensas

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Eros y Tánatos

El amor es una relación de mutua generosidad entre dos partes unidas por un lazo de indescriptible bienestar. Surge de manera natural al nacer, cuando madre e hijo se unen en un abrazo. Desde ese momento, el ser humano está condenado, tanto al amor como a la libertad. No podemos evitar amar o ser amados, ni podemos evitar los riesgos que esto conlleva. Estos riesgos son causa de diversas formas de temor en la vida adulta y forman la base del carácter. El miedo a amar y ser rechazado es causa de retraimiento en las personas introvertidas de tipo sensible; el miedo a amar y ser abandonado es causa de apego excesivo en las personas dependiente cariñosas; el miedo de amar y perder el control es causa de dureza en la persona dominante; el miedo a ser libre y perder el amor es causa de sumisión en la persona abrumada aguantadora; el miedo a amar y perder la autonomía es causa de autocontrol en la persona rígida; el miedo a amar y ser desenmascarado es causa de la actitud engañosa en el seductor. Esta pequeña lista no agota las estrategias posibles del carácter, pero responde a una visión esquemática del mismo siguiendo las caracterología de Lowen y Kurtz.

Una vez que la persona se encuentra expuesta a la necesidad de afecto y a la pulsión erótica que lo empuja hacia otra persona, no solo se activan estos miedos, sino las defensas correspondientes. Pongamos por caso la persona dominante. El miedo a perder el control, es decir a ser manipulado, lo pone en guardia ante su propia debilidad amorosa. Entonces le es necesario andar con cautela y observar si la persona deseada es una amenaza para su rol de mando o si le rendirá la admiración y el respeto que necesita. Si estas condiciones están dadas, podrá acceder al amor, no sin quedar expuesto a los vaivenes del humor de su pareja, pero dentro de un margen relativamente seguro, donde no sienta como inminente la desaparición de su superioridad moral. Sentirse mimado y admirado reducirá esas defensas y las suavizará, razón por la cual, muchas parejas de personas dominantes aprenden a darles la razón y luego hacer lo que les viene en gana. Los conflictos, sin embargo no se hacen esperar. Pongamos el caso de una mujer dominante con un hombre sensible retraído. El temerá el rechazo de su mujer y accederá a su control, con lo cual perderá espontaneidad y se verá compelido a ensimismarse aún más; ella se sentirá irritada ante la actitud ausente del marido y lo provocará a expresarse; pero si esto sucede, su mando se verá removido por la capacidad de autonomía del marido y ella será a su vez la que tema perder el amor si trata de sostener el control; ambas estrategias entrarán en crisis. La posibilidad de que ambos evolucionen como personas se abrirá entonces para ambos. De esa capacidad dependerá el futuro de la relación. Es decir de la capacidad que ambos tengan de amar y confiar, al mismo tiempo, en ellos mismos y en sus parejas. Amar sin miedos imaginarios. Este es el tipo de crecimiento que la terapia humanista trata de facilitar (para una cita terapéutica, escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos 0997330894 / 2285545, Quito-Ecuador).

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