Archivos Mensuales: diciembre 2016

El sueño bajo

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Cuando distorsionamos la vida con nuestros miedos y creencias, somos capaces de ver cosas que no existen. Inventamos monstruos, hacemos de la persona que está al lado nuestro una versión adulterada de lo que en realidad es. En otras palabras, nos sumimos en un estado semi-alucinatorio, en el cual sentimos que lo que vemos es lo que está ahí fuera. Si yo veo a una persona “grosera”, creo que en efecto es “grosera”. No puedo ver más allá de mi propia herida, de mi resentimiento y distinguir los sentimientos, necesidades insatisfechas y creencias de esa otra persona, relativizando mi propio punto de vista. No puedo entender que lo que yo llamo grosería es simplemente alguna forma de in satisfacción, y que esa persona necesita algo que tal vez no ha recibido cuando lo necesitaba. Que esa persona, al igual que yo, está habitando en un mundo diseñado por sus carencias ocultas.

Dentro de los diferentes tipos de caracteres se puede ver distintas formas de este ego-centramiento que nos condena a vivir en un territorio fantasmal, donde lo que vemos afuera es lo que simplemente está adentro: un mundo creado por el miedo, el dolor, la insatisfacción y la ambición. Como escritor de ficción he visto a muchos escritores luchar por obtener la alabanza de los medios y de los críticos, sufriendo a cada paso el “acoso” de sus “detractores”. Viven en un sueño bajo en el cual el universo parecería conspirar en su contra “por pura envidia”, y por ese “afán ecuatoriano de rebajar lo que se destaca”. Inyectados de este sentimiento paranoide, se defienden en su fantasmal universo de sus fantasmales agresores. Esto es precisamente lo que llamamos (usando un término de la psicología de procesos) habitar el sueño bajo.

Del mismo modo, en la vida de pareja, durante los malos momentos, cada uno vive en su propio mundo, inventando al otro, invitándolo a ser parte de su sueño bajo. Una mujer que se cree víctima de la incomprensión y que solo pide afecto, llora bajo el peso de un hombre irascible y maltratador. Pero este hombre maltratador es en parte convocado por ella, como contraparte, para poder ejercer su visión reducida de sí misma y perpetuar su falsa identidad de mujer noble y maltratada. El ego-centramiento es así un proceso de identificación del yo con un rol que nos desangra la vida. El sueño bajo nos condena a buscar compensaciones en los demás, a exigirles jugar un rol positivo o negativo en nuestro teatro interno. A pedir que me laman las heridas o a engancharnos en un juego destructivo, del que no logramos despertar.

Ayudar al cliente a despertar, a abandonar estos juegos tóxicos, es una de las aspiraciones de la terapia humanista, en especial de la terapia gestáltica (para una cita escribir a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar a los teléfonos 2285545 – 0997330894)

Loop

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Los seres humanos parecemos andar el círculos. Nos repetimos a nosotros mismos, aunque esa repetición sea causa de malestar. No sabemos cómo, pero andamos en círculos, como dice la canción de Pink Floyd: “Runing over the same old ground, what we’ve found, same old fears…” Pongamos el caso de una mujer que se queja de su marido. Ella siente que él se ha vuelto rudo con ella, frío, egoísta en sus acciones, mezquino con el dinero. Se siente sola y sin apoyo a su lado. Ella quisiera que él cambie, que sea más tierno y solidario, pero en su sentimiento de abandono se vuelve fría y castigadora con él (le da la espalda en la cama, cuando trata de ser amable lo hace forzadamente y sin mirarlo a los ojos para no mostrar su tristeza). Él se siente censurado todo el tiempo y termina por actuar entonces como ella teme: se convierte, con la ayuda de su mujer, en la persona que no quiere ser (iracundo, frío, intolerante), hasta justificar de manera visible el sufrimiento de su esposa. Entonces ella se siente justificada plenamente para ejercer el rol que protege: el rol de víctima.

La ecuación es la siguiente: no me puedo quejar si él no me da motivo, por lo tanto debo hacer lo necesario (sin que yo me entere), para que él sea (o siga siendo) la persona que me abandona, sólo así podré ser una víctima y atraer mi propia compasión y la de ciertas personas (mis padres, por ejemplo). Esta es la “caja negra” que debemos abrir en terapia. ¿Por qué esta persona necesita sentirse una víctima y perpetúa este rol año tras año? La respuesta la encontraremos en la recompensa de sí misma que obtiene en este rol de sacrificio. Hay alguien que me compadece y me valora por esto (satisfacción de cierta necesidad de valoración), o consigo así alguna forma de alivio (mientras me paso en este problema me distraigo de otro que es en el fondo más desquiciante). En el primer caso, por ejemplo, su familia le dice que es demasiado noble y que lucha por su familia; en el segundo, mientras se queja por el amor no correspondido, consigue distraerse de la posibilidad, aún más angustiante, de quedarse sola y hacerse cargo de su propia existencia. Entonces el conflicto aparece bajo otra luz: gracias a la dureza de su marido (impulsada inconscientemente por ella), puede escapar de la ansiedad de ser ella misma y hacerse cargo de su propia vida, aunque para ello tenga que ser una víctima. La prueba de esto será que si el marido cambia de actitud y la apoya sorpresivamente para realizar sus sueños, ella se quedará paralizada por la inseguridad, y buscará nuevamente la pelea.

Despertar de este “sueño bajo” en la relación y recuperar la confianza en sí misma para despejar a su matrimonio de proyecciones fantasmales será un camino de sanación. Para una cita terapéutica llamar al 2285545 – 0997330894 o escribir a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com).