Archivos Mensuales: enero 2017

La distorsión perceptiva

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Una chica le cuenta a su amiga que su novio a veces se desconecta del teléfono y que ella cree que está siempre con otras mujeres. La amiga de pronto le responde: “Estás proyectando, la que ha de querer tener aventuras eres tú, que ya estás aburrida de esa relación”. Esta es la forma en que se habla comúnmente de proyección. Veo en otro algo mío que no acepto como propio. Uso al otro como una pantalla o un telón sobre el cual proyecto una imagen. Yo personalmente no creo que la proyección, estrictamente hablando, exista. Más bien diría que una persona posee un registro emocional de experiencias dolorosas y placenteras que han modelado sus reacciones emocionales automáticas frente ciertas situaciones que se parecen a otras que originalmente formatearon un archivo cerebral de “comportamientos excitantes o peligrosos”. Este archivo interfiere con la realidad creando distorsiones perceptivas a veces bastante notables en el proceso de identificación de la realidad.

Pongamos por ejemplo a un niño que crece junto a un padre violento e impositivo. El niño desarrolla una estrategia de carácter resignada. Se habitúa a soportar y obedecer en silencio, llevando por dentro el resentimiento y sintiendo que ninguna protesta tiene la posibilidad de triunfar frente a esa autoridad implacable. Cuando es adulto, esa persona es empleado de una oficina. El jefe se acerca y le dice, sin preámbulos: “Quiero ese informe a las tres”. El empleado se contrae. Tiene que entregar otro informe a esa misma hora y no le alcanza el tiempo para ambas cosas, pero se queda callado porque en ese momento percibe al jefe como si fuera su padre, es decir, como un hombre ante el cual no caben las protestas. Se somete callado y acepta, sin abrir la boca, cayendo en una situación de estrés intenso. ¿Podemos llamar a esto en justicia proyección de la imagen paterna? Yo lo llamaría distorsión perceptiva, un fenómeno de totalización de la experiencia por el cual, al percibir una parte de un objeto, completamos la totalidad del mismo a través de la imaginación.

Es conocido que el hipocampo y la amígdala actúan en las reacciones emocionales automáticas y que estos centros se relacionan con la memoria y la imaginación. Al ver al jefe como una persona autoritaria e inflexible, puede que el empleado adultere la realidad. Es como si oyéramos el sonido del motor de una cortadora de césped y digamos al instante: “es una moto”. La moto es lo conocido, el sonido del cortador de césped no. Esta interpretación automática nos alerta ante posibles amenazas, pero también nos puede hacer ver una amenaza donde no la hay. Superar este automatismo requiere autoconocimiento. Al conocer nuestros mecanismos reactivos e interpretaciones automáticas, podemos cuestionarlos y distinguirlos de la realidad, abriendo nuevas posibilidades de interpretación. El empleado temeroso puede decirle al jefe: “Tengo otro informe para esa hora, ¿puedo dejarlo para mañana o suspendo el otro?” Entonces escuchará la respuesta del jefe y completará la imagen del mismo de una manera real. Para eso, el empleado deberá desafiar una constelación de creencias inconscientes del tipo: “No tengo derecho a protestar”, “el mundo es injusto”, “a nadie le importa lo que yo siento”, etc.

Una mente desprejuiciada es el resultado de conocer a fondo nuestra mente prejuiciada. Es por eso que en terapia ayudamos a las personas a observarse a sí mismas y entender sus reacciones emocionales ante los otros como mecanismos de “totalización de la experiencia” basado en viejos episodios y preconceptos provenientes de nuestro pasado y del mundo cultural en que crecimos (para una sesión terapéutica escribir a adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar al 2285545 – 0997330894 Quito Ecuador).