Archivos Mensuales: junio 2017

El otro fantasmático

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“Ego” es una palabra difusa, en la que se pueden verter muchos significados, pero voy a atenerme a uno que está en boga: el ego como un yo reactivo, que se relaciona con el entorno a través de lo que algunas escuelas de rehabilitación emocional como Alcohólicos Anónimos llaman “defectos de carácter”. Estas escuelas entienden como defectos de carácter el resentimiento, le envidia, la ira, la envidia, la frustración y otros sentimientos complejos que llevan a las personas a reaccionar o perder el control de sus actos ante determinadas circunstancias. Si queremos encontrar su denominador común podríamos decir que es el miedo. Miedo a no poder tener lo que quiero, miedo a ser despreciado, miedo a valer menos que el resto, miedo a no recibir reconocimiento, etcétera. El miedo en este sentido sería la vivencia de una existencia amenazada, real o imaginariamente. ¡Y aquí es donde podemos hallar el significado sicológico del ego, como yo ilusorio! Si mi mente está clara, y vivo en el aquí y el ahora, conectado con lo que sucede de manera serena y objetiva, veré las amenazas reales y sabré cómo evitarlas usando mis capacidades de manera oportuna; pero si me sumerjo en mi fantasía y la uso para imaginar las amenazas que podrían surgir en el camino, me estresaré innecesariamente. Y es que muchas veces nos anticipamos a los hechos y nos ponemos en guardia, suponiendo lo que va a pasar si hacemos o dejamos de hacer esto o lo otro, anticipándonos a acontecimientos que suceden en nuestra fantasía. Entonces adoptamos las actitudes reactivas mencionadas: comportamientos que tratan de superar los desastres supuestos o posibles. Y todavía importante: atribuyendo a las personas que nos rodean intenciones y actitudes que irradian de nuestra propia inseguridad y de las heridas emocionales del pasado. Entonces dejamos de relacionarnos con el otro real y nos relacionamos con el otro inventado, al que llamaremos “otro fantasmático”.

Cuando nos confrontamos a un otro fantasmático, abandonamos la realidad y entramos en trance. Este estado de conciencia ha sido denominado Dreaming up por Arnodl Mindell, y consiste en relacionarse con otra persona como si fuera quien creemos que es bajo el influjo de nuestras proyecciones fóbicas o idealizantes. La otra persona entonces se nos presenta de una manera curiosa, dotada de un poder o energía, o una actitud que rebasa la realidad. Por ejemplo, se nos acerca un policía a la ventanilla del auto. Como he dejado la licencia en casa, tengo temor y me paralizo, diciéndome “carajo, ya me agarraron”. En mi realidad imaginaria, los policías están haciendo “batidas”, y el que se acerca lo hace para revisar mi auto, pedirme los papeles y llevarme al centro de detención. En la realidad, el tipo se acerca y me pide que me ponga el cinturón de seguridad y me desea un buen día. Hasta aquí la cosa es manejable; pero supongamos que al ver que se acerca, bajo el influjo del miedo, yo acelero y me fugo, y el policía me persigue en la moto y me detiene. Entonces, seguro, me llevará a la cárcel y es probable que yo me convenza de que estaba haciendo batidas y “quería atraparme”.

Este mundo fóbico, de la imaginación proyectiva, es un mundo en el que habitamos parcialmente la inmensa mayoría de las personas. Casi todos los días saltamos de la realidad real a esa realidad inventada, cuando se hace presente en una de las reacciones mencionadas arriba: resentimiento, frustración, envidia, celos u otras por el estilo. Poder distinguir en estas reacciones la forma en que el miedo mueve los hilos de mi percepción, adulterando la realidad hasta hacerme relacionar con un otro fantasmático, me permitirá despertar en medio del trance y volver a la realidad, donde la posibilidad de sufrir es muchísimo menor de lo que supongo y donde la otra persona no es tan dañina como parece ni tiene el misterioso poder que le otorgamos para hacernos felices o infelices. En las crisis de pareja, generalmente hombre y mujer están sumergidos en dos peceras, cada uno sumergido en su mundo fóbico, peleando con un otro fantasmático. Es decir, tratando al otro como si fuera quien yo siento que es bajo el influjo de mi ego o personalidad ilusoria. En dicho trance, perdemos la tranquilidad y la capacidad de dialogar y recibir al otro, dándole la aceptación incondicional que necesita para abrirse con nosotros desde su autenticidad.

Para poder vivir en la realidad, la clave es entonces el despertar de la conciencia (para una cita terapéutica enviar un mensaje al 0997330894 o por Facebook a: adolfo macías terapeuta). Quito-Ecuador.