Archivos Mensuales: febrero 2018

Todo ese esfuerzo realizado

Estándar

Esfuerzo

Esforzarse, para muchas personas con una personalidad rígida, es luchar contra lo que nos rodea. Una vez con un propósito en su mente, la persona esforzada puede trabajar duro para cumplirlo, sacrificando su comodidad. Esto, en principio, es admirable. Deja de serlo cuando la obsesión por hacer lo que me propongo me absorbe por completo y me hace luchar contra las dificultades, sin dialogar con el medio ambiente y sin tomar en cuentas las circunstancias, los sentimientos y las necesidades de las personas que me rodean. Muchas personas tienen este rasgo. Son personas que luchan y se empeñan, que no aceptan un “no” por respuesta y se obstinan en llegar a la meta, pasando por momento de tensión y de estrés. Les resulta difícil relajarse o cambiar sus objetivos, ajustarlos a lo posible o a las expectativas de otras personas. Esta “cerrazón”, es el indicador de que algo más está en juego, probablemente una herida emocional antigua, la creencia inconsciente de que “debo demostrar lo que valgo”, o que “necesito hacer algo importante para merecer respeto”, “si no logro lo que me propongo entonces soy un fracaso” etcétera.

A lo mejor la persona, en el proceso de formación de su personalidad, interiorizó una de estas creencias como resultado de la experiencia relacional con los adultos que lo rodeaban. Es el caso de una mujer que se sintió comparada, durante su infancia, con sus hermanos, quienes tenían un alto rendimiento escolar. Para poder ganarse la admiración de la madre, se hizo esforzada. Hacía los deberes de manera cuidadosa y si cometía un error, arrancaba la página o empezaba de nuevo el cuaderno, para que se viera perfecto. Su madre, en vez de admirarla, se escandalizaba y le pedía que no lo haga. No entendía que ésta era la manera en que su hija llamaba su atención, buscando algo de esa admiración que le madre sentía por sus hijos varones. Fue así como fue formándose su carácter rígido y luchador, como un acto de protesta contra un mundo en el que flotaba el fantasma de la desaprobación.

Esto, al llegar a los treinta años de edad, le causaba conflictos relacionales con su marido, su madre y sus hijos, quienes debían soportar su determinación y su rigidez de criterio, a veces impositiva. Una vez que exploró una de estas escenas, se dio cuenta de la forma en que ella trataba a las demás personas (“si no estás de mi lado, estás en mi contra”). Entendió que necesitaba cambiar, relajarse, ser más flexible y real. Entender que las personas pueden amarla, estar de su lado y, al mismo tiempo, hacer críticas o pensar de otra manera. Dejar de vivir en el mundo como si fuera un campo de batalla (para una cita terapéutica escribir a: adolfomaciasterapeuta@yahoo.com o llamar al 0997330894 / 2285545 Quito – Ecuador)

Anuncios