LA ANSIEDAD Y OTROS DEMONIOS

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El temible y cambiante mundo exterior

 

La cuarentena es una situación que genera en casi todos cierto nivel de inseguridad respecto al futuro. Esta inseguridad produce en nuestro organismo una reacción visceral de miedo o de ansiedad. ¿Pero cuál es la diferencia entre miedo y ansiedad? Que el miedo es solamente momentáneo, circunstancial, y surge ante la emergencia de un peligro identificable que debe ser sorteado con ayuda de nuestra plena atención. Intimidados por un perro agresivo que se acerca al descampado, nos agachamos rápidamente y buscamos una piedra para alejarlo. Si no la encontramos, caminamos de espaldas dándole la parte delantera de nuestro cuerpo al animal para poder reaccionar mejor ante un ataque, o tal vez nosotros avanzamos bruscamente hacia él para asustarlo con un gesto engañoso de violencia. A medida que nos distanciamos, el perro se queda quieto y finalmente deja de ladrar, regresa a su lugar y nos sentimos aliviados. El peligro ha pasado.

Con el COVID es otro cantar.

No se trata de un peligro temporal, cuyo origen sea fácilmente identificable y que podamos enfrentar en un periodo breve de tiempo a través de una reacción defensiva. Es un virus que está en todas partes y en ninguna. Se nos dice que en un mes superaremos la etapa crítica y luego hay quien habla de uno o dos años. Varios negocios se desploman y hay despidos por todas partes. No sé lo que va a pasar en el futuro con mi trabajo y al mismo tiempo tengo temor de salir a la calle a buscarme la vida. Los cadáveres que nos muestran a diario los medios de comunicación yacen abandonados en las veredas de Guayaquil como anticipación de lo que podría sucederle a cualquiera de nosotros. Todo es incierto y el miedo no remite: es difuso, constante y se anida en nuestro plexo solar como una sensación inquietante que nos pone a caminar en casa, muchas veces, como un diablo en una botella. ¡Sólo queremos que todo retorne a la normalidad! Pero esta normalidad no existe y tal vez no vuelva más. Ha cesado. Y si no hacemos un ajuste creativo y cambiamos nuestros modos de vida, seguiremos en un estado de ansiedad permanente.

Y es que la ansiedad surge cuando se produce un desajuste entre nuestros esquemas de realidad y la realidad misma. Eso que creíamos cierto e inamovible desaparece, y en su lugar surge algo nuevo e incontrolable. Aquello que aprendimos para adaptarnos al mundo deja de ser un aprendizaje eficiente, y nos toca cambiar irremediablemente. Cambiar de esquemas. ¡O sentarnos a esperar que el mundo regrese a su estado previo! Y este proceso por el cual una persona cambia sus esquemas es lo que se llama precisamente en psicoterapia gestáltica un “ajuste creativo”. Esto requiere estar despiertos y observar, objetivamente y sin engaños, la situación actual para crear nuevas estrategias de supervivencia y desarrollo. Pero sobre todo creer en nosotros mismos.

Difícilmente una persona que no cree en sí misma puede enfrentar una crisis como esta, abrirse al juego creativo y actuar de una manera completamente nueva. El director de fútbol que debe trabajar con sus jugadores en casa o se quedará a esperar un año entero comiéndose las uñas o se las ingeniará para seguir haciendo funcionar su equipo de alguna manera. Todo está en romper moldes y esquemas, en abrir la imaginación y tomar el riesgo. ¿De qué manera el problema es una fuente de inspiración para cada uno? ¿Somos capaces de cambiar y soltar hábitos?

 

El temible y constante mundo doméstico

 

Naturalmente, la crisis no solo es colectiva, también es personal y supone para muchos quedarse a solas consigo mismos y con sus relaciones familiares, muchas veces irritantes. Ser creativo con esta nueva realidad, en estos casos, tal vez suponga resolver viejos pendientes que habían sido dejados de lado mientras nos refugiábamos en el trabajo. En este sentido, dejar de ocultar la cabeza en la arena como los avestruces puede ser una buena decisión. Sincerarnos y hacer de este encuentro difícil una oportunidad para aprender a dialogar con sinceridad y afecto.

Porque si bien el mundo externo es el lugar de la aventura donde debemos correr riesgos para salir adelante, la casa debería ser un refugio donde encontrar amor y bienestar. Un lugar al que deseemos volver con ilusión. El cuento de Simbad el marino recoge este mito universal del héroe que regresa a casa después de cada aventura, y que necesita salir de ahí cuando la rutina y la repetición de ese mismo bienestar lo abruman con el aburrimiento. Los experimentos de Bowlby demuestran que cuando un niño de dos años satisface su necesidad de apego y nutrición emocional con su madre, tiene la capacidad de dejarla y salir a jugar lejos de ella, para luego volverse y mostrarle algo que le haga sentir la disponibilidad latente del contacto a través de una mirada. Es decir que el lugar seguro y la aventura se sitúan en una relación dialéctica, como dos momentos de un mismo proceso.

Reconstruir esa dinámica polar es uno de los objetivos de toda pareja que desee sanar su relación, siendo cada uno el lugar seguro del otro y el apoyo que necesitamos para seguir en la aventura del ajuste creativo y el desarrollo de nuestro potencial.

(Para psicoterapia en línea deja un mensaje en whatsapp al 0997330894)

Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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