LAS METÁFORAS CORPORALES EN LA PSICOTERAPIA

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Como el alma en realidad no existe, o existe sólo como hipótesis o metáfora, la batalla final tuvo que darse en el campo de las representaciones. Allá en la cuesta no lo sabíamos, pero durante nuestro viaje se había producido en el reino una evolución que tenía un costado poético, y fue el que decidió el resultado del combate. (La gran ventana de los sueños, Fogwill).

Para la mayoría de la gente, la metáfora es un recurso de la imaginación poética, y los ademanes retóricos, una cuestión de lenguaje extraordinario más que ordinario. Es más, la metáfora se contempla característicamente como un rasgo sólo del lenguaje, cosa de palabras más que de pensamiento o acción. Por esta razón, la mayoría de la gente piensa que pueden arreglárselas perfectamente sin metáforas. Nosotros hemos llegado a la conclusión de que la metáfora, por el contrario, impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción. Nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica. (Metáforas de la vida cotidiana, Lakoff y Johnson)

La idea central de la propuesta de Lakoff y Johnson es que la metáfora, más allá de ser un aspecto formal del lenguaje, nos permite estructurar unos conceptos a partir de otros. La forma en que realizamos este proceso depende de nuestra experiencia directa en el mundo, a través de nuestro cuerpo.

Metáforas estructurales: en las que una actividad o una experiencia se estructura en términos de otra. Una discusión es una guerra: hay que tener armas, se puede ganar o perder, hay que responder al ataque, hay que buscar los puntos débiles del contrincante, se puede manejarla estrategicamente, etc.

El cuerpo como origen de metáforas por las que interpretamos y nos relacionamos activamente con el mundo, convierte al afuera (lo desconocido) en un reflejo de lo que mejor conocemos desde nuestra infgancia: nuestro cuerpo, con un adelante y un detrás, un arriba y un abajo, un lado y el otro. A su vez, el cuerpo es hablado a partir de metáforas externas, la de una planta en el caso de la Bioenergética o el Tai chi, donde se nos dice que una persona debe enraizarse y responder al contacto con el mundo como un bambú que soporta los embates del viento.

Este sistema reflejo de pensamiento, es una manera de simbolizar experiencias sentidas que se presentan en nuestro vivir. Y nos permiten relacionarnos con él de una manera cognitiva, es decir: nos permiten asir, entender, darle sentido a las experiencias y, en definitiva, hacer explícito lo implícito.

Es aquí donde aparece el “como si…” gestático como una técnica basada en la experiencia corporal, que invita al participante de un experimento a buscar aquellas metáforas que le permiten dar sentido a lo que está experimentando en ese momento, entender de una manera peculiar lo que llamamos modo operativo interno u organización de la experiencia.

Ejemplo: “Cuando otro me mira a los ojos me late rápido el corazón y desvío la mirada, como si hubiese hecho algo malo”.

Según la psicología cognitiva la organización de la experiencia implícita en esa frase podría resumirse en forma de una creencia implícita, probablemente inconsciente, del tipo: “Hay algo malo en mí y debe permanecer escondido o la gente no me va a querer”.

Esta creencia estaría implícita como un aprendizaje adaptativo en la manera en que la persona evade el contacto visual, se cruza de brazos y actúa frente a un desconocido que, por ejemplo, se acerca a saludar en una fiesta.

La pregunta según Kurtz sería: Cuál es la creencia (o juicio dotado de estructura lógica y sintáctica, si A, entonces B) que se halla implícito en la manera de actuar caratcerística de una persona, en una situación dada. “Si no hago algo digno de admiración, entonces nadie se va a fijar en mí”, por ejemplo, es una creencia que surge como resultado de un largo proceso de adaptación temprana al medioambiente familiar en el que creció una persona esforzada.

Nuestra experiencia nos muestra, sin embargo, que no son creencias, sino metáforas lo que en realidad organiza nuestra experiencia: no se trata de que la persona crea racionalmente que si no hace algo digno admirable, nadie le va a dar afecto (que es una fuente de nutrición emocional necesaria), sino de que la persona vive como si esto fuera así.

Hablar de creencias irracionales o inconscientes que nos gobiernan, en este sentido, no es exacto. Por ejemplo: la desconfianza de que otros me quieran si no les soy de utilidad, es en principio una sensación que organiza mi manera de relacionarme con los otros que puede traer sufrimiento innecesario. No se trata de una creencia, exactamente, de algo que se piensa como verdadero o de un aprendizaje que me mueve a trabajar por el bienestar de los otros para asegurar el afecto, sino de una sensación de ser menos cuando no tengo nada que ofrecer, algo corporal relacionado con el cerebro emocional, el sistema endocrino y el sistema nervioso autónomo; sensación que puede ser abordada mediante una metáfora. “Me siento en ese momento como si me paralizara ante el otro y tuviese que justificarme para ser recibido, como si esperasen algo de mí para tomarme en cuenta”… Esta escena “como si” no es la escena real, sino una escena imaginaria que se convoca para reconocer a la real y otorgarle una valoración organísmica positiva o negativa, favorable o amenazante. Una vez que esta metáfora en el proceso de la psicoterapia llega a la consciencia, puedo reconocer el efecto que tiene sobre mi estado emocional: si produce bienestar o malestar, y en este último caso, si se trata de malestar necesario o innecesario (ficcional). No son creencias inconscientes lo que organiza nuestra conducta, sino metáforas corporales. Una persona experimenta un diálogo como si fuese un examen, otra experimenta el deseo como si fuera una trampa, etcétera, etcétera. Al liberarnos de estas metáforas nos identificamos con la experiencia presente de manera directa y apreciamos a las personas o cosas que se nos presentan en su originalidad.

Estamos conscientes de que hablar de metáforas corporales u organísmicas está sujeto a una revisión y una crítica cuidadosa, pero lo encontramos útil en el campo psicoterapéutico.

Cambiar las metáforas corporales que producen sufrimiento innecesario o ficcional, y generar nuevas metáforas, es trabajo de liberación. Si la persona que sufre vive, por ejemplo, como si fuese un elefante, puede actuar un águila (vivir la metáfora corporal del águila) para explorar un nuevo estado de conciencia que facilite una salida del problema. Entrenar corporalmente a esa persona a través de la psicodanza, para sentir la energía y el movimiento del águila será un trabajo de la psicoterapia bruja.

Acerca de adolfomacias

Psicoterapeuta y facilitador de grupos, especializado en terapia transformacional. Profesor del Instituto de Desarrollo Personal Cre-Ser. Asesor en comunicación creativa y escritor. Ganó en el 2010 el premio nacional de Literatura Joaquín Gallegos Lara por su novela "El grito del hada".

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