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El buen morir

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Picture 29Cultivar el estado de atención para el buen morir es algo tan natural en el budismo, que llama la atención que nosotros no tengamos ninguna cultura del morir alternativa. Un velorio en nuestra sociedad católica quiteña, es algo parecido a una doble señal gigantesca: se reúnen en una misa para celebrar el tránsito del alma a un estado superior de vida, pero se llora con la más profunda sensación de que el difunto a vivido la extinción más absoluta. Vivimos ignorando la muerte, y cuando llega no sabemos cómo recibirla. Simplemente nos paraliza. Mientras tanto, ignorar es nuestro negocio. Somos muy exitosos en vivir como si nunca fuéramos a morir, y en morir como si nunca hubiésemos vivido. Este paradigma cultural puede ser cambiado, si miramos a la muerte sin remilgos, si aceptamos su presencia en nuestras vidas y su inmanencia organísmica, como algo natural: una invitación al misterio. Es triste ver la manera en que las personas prolongan su vida en estados lamentables, ya que nuestro sistema educativo no trabaja sobre este campo con la misma claridad con la que se está poniendo, por ejemplo, en el tema sexual. Sexo y muerte son algunos de los grandes misterios de la vida. Podemos velar por ellos de igual manera. La muerte es ante todo una experiencia, algo que hacemos y hacia lo que vamos desde el núcleo de nuestra existencia. Mientras la veamos como algo ajeno, algo que nos sucede de manera perturbadora y desagradable, seguiremos jugando en ella un rol pasivo. Batallamos con todos los recursos de la tecnología médica, maltratando profundamente el cuerpo del enfermo hasta convertirlo en un despojo, sin ninguna consideración. Por supuesto, el mismo enfermo prefiere convertirse un despojo con tal de vivir unos meses más, ya que carece de autocontacto suficiente y fe en su proceso de extinción como una posible fuente de experiencias significativas. Por esto, llegado un punto irreversible, propongo a las personas que padecen de una enfermedad terminal evitar tratamientos desgastadores, dejar de comer progresivamente y permanecer con bebidas desintoxicantes hasta que les llegue la muerte al cabo de un tiempo. Durante este proceso, es posible abrirse a la experiencia desde el corazón, dejando que el miedo vaya y venga, hasta que algo más se exprese: la esencia de lo que somos en ese momento, sin ninguna clase de auto-manipulaciones y sin manipular a los demás desde nuestra pretendida tragedia. Entrar en la muerte con la conciencia enfocada en la experiencia presente (procesos psicofísicos, sueños, flujo de la conciencia) y observar lo que nos sucede cuando el corazón se detiene. Una experiencia intensa y maravillosa, maltratada por siglos de una cultura decadente, que no tiene respuestas a las necesidades más básicas del ser humano. Quien sabe si, después de todo, existe una experiencia espiritual tras la muerte. Todo esto, por supuesto, es solo una opinión personal.